Pasado el temible libro de Ritchin, una comienza a
preguntarse acerca del tornar de este terrible, terrible mundo.
¿Nos comeremos los unos a los otros en pixeles o nos
devorarán antes las grandes empresas de hombres sin rostros?, de una u otra
manera sufriremos sin darnos cuenta y nos arrastrará la corriente porque puede
ser muy fuerte para resistirla… ¿O no?
Tal vez no. No si aprendo a nadar.
Pedro Meyer.
Haciéndome de la bella tarea, busqué por internet imágenes
de su obra, las series de Meyer. Soy de la opinión de que la obra debe de
hablar por sí misma, pero acertando a opiniones de mi asesora número uno, me he
dado cuenta de que el arte (y cualquier cosa) carece de significado, sentido y
razón sin un contexto. No existe obra o ser que se halle fuera de él, adelantado
a él o lejos.
Así bien, revisé algo de su biografía y otro tanto de sus
creaciones. A comparación de Miller (tampoco tengo tantas referencias), sus
obras parecen estar demasiado empapadas de él. Como si se trozara con el
carrete. Son melancólicas y hermosas a pensar de ser, en algunos casos,
grotescas o demasiado crudas. Encontró la manera de engastar belleza y
realidad. No parecen hechos, sino sueños o retazos de sueños.
Me gustan sus fotografías, la que pude ver bajando por la
barra de Google. Y a pesar de que es básicamente un artista análogo, puesto que
toda su obra se encuentra digitalizada para ser parte del dominio público que
supone el internet, pasa a ser un creador digital.
“Fotografío para recordar” me hizo trizas. No puedo concebir
tanta tristeza en espacios tan pequeños. No sería capaz de preservar tanta
agonía, no sólo la de mis seres queridos, sino la mía. Lo veo como un memorándum,
un recordatorio para que nada se vaya por el lavamanos. De alguna manera
entiendo el desconcierto de ver cómo lo que amamos se deshace y comienza a degradarse
hasta desaparecer, y la necesidad de preservarlo para intentar entender y…
concebir. Yo misma conservo vestiditos mortuorios de alguien muy importante.
Cajas… Pero las imágenes son otra cosa: se trata de una de las primeras
informaciones que recibimos desde que venimos a este mundo y una de las más
difíciles de olvidar. Recuerdo claramente la sangre escurriendo carretera debajo
de algún accidente vehicular que presencié a los siete años.
Supongo que de eso se trataba… de algún pinchazo matinal para
olvidar que salió de una pareja para terminar como unidad.
En cuanto a sus montajes, me sorprendo de los contrastes tan
vistosos, de colores saturados y vibrantes. El azul resulta irrealmente
profundo, casi inconcebible en esta realidad tan provista de colores y tan
pobre en exhibiciones públicas. Como otras tantas tonalidades.
Fotos como aquella de la mujer entre los niños Jesús, de las
cabezas de cerdo, o de los niños con ojos negros como canicas proponen una
mirada a nuestra triste realidad como seres caníbales. No directamente, claro,
pues su sutileza se basa en todo el empleo del que fue capaz de la belleza. Por
el detalle se graban en los párpados y por el detalle la realidad se vuelve
visible. Uno puede perderse en los negros intensos o en las expresiones
inocentes y quedarse hasta ahí si no se pone a pensar “¿Qué es?”
Ritchin en su libro “Después de la Fotografía” nos propone
precisamente el analizar más allá el mensaje de la obra, sus contenidos y su
contexto para entenderla y a sus intenciones. Plantea la hiperfotografía como
aquella que interactúa con el espectador haciéndose de ciertos elementos e intentando
transmitir un mensaje en concreto.
(Como aquellas de modelos que te insinúan “tienes que ser
así o asá y lucir un cuerpo tal y vestirte como cuál…”, acompañadas de alguna
marca de ropa o calzado, por ejemplo.)
Se habla de hiperfotografía cuando la imagen ya ha sido
modificada para promover ideas consciente y masivamente. En el caso de Meyer,
que no tiende a modificar sus imágenes tan drásticamente como lo harían
aquellos de publicidad, las ideas van más enfocadas a la concientización y se
hace de una estética pura y natural (por lo menos más que la que se promueve
hoy en día) para hacerlo. Su acercamiento con seres reales, tangibles, de carne
y con identidades, lo vuelve más íntimo en relación al espectador y así la reflexión
es totalmente individual, profunda y sensible. Te genera una cierta agitación
interior que no puedes sino atender o se esconde en tu cráneo y te escosa hasta
obligarte a hacerle caso. Se arraiga de una vez con fiereza a diferencia de
aquella pública que se pega por repetición.
¿Es hiperfotografía?, sí, cumple con las características,
aunque su enfoque es distinto. Lejos de querernos con ciertas opiniones ya
planeadas, nos plantea la posibilidad de la contra o el pro voluntario.
Reflexionamos si lo deseamos y si queremos, lo olvidamos. Es totalmente humano,
no está mecanizado y mucho menos sabe a labial.
Joan Fontcuberta.
Al igual que con Meyer, repasé su biografía y pasé por su
obra digitalmente. Fontcuberta dedicó mucho tiempo al análisis de cambio de
paradigmas, de analógicos a digitales; fue premiado con el premio Hasselblad.
Conocer las posibilidades que abre y cierra la nueva era nos
ayuda al entendimiento de las implicaciones tecnológicas, sus riesgos, ventajas
y desventajas. Es cierto que la velocidad de la información la vuelve
accesible, como lo es el hecho de que la posibilidad de ser modificada y
redefinida por cualquiera con acceso a ella la vuelve poco verás en varios
aspectos. Incluso las imágenes bellísimas de hoy en día son tomadas como
composiciones digitales irreales y eso precisamente les resta encanto…
básicamente porque somos conscientes de su condición.
Joan se aprovecha de esto obligándonos a creer, modificado
los sujetos de las imágenes en un principio, y no las imágenes en producción,
en esos pedazos de irrealidad y despertando el imaginario humano más allá del
escepticismo natural y de la lógica cotidiana. No, no existen los dragones,
pero probablemente él tuvo uno en manos.
La realidad y la ficción son puro humor negro… y de colores.
Fontcuberta, como hombre de pensamiento que es, se divertía
jugando con las primeras impresiones que causaban las imágenes. Admitamos que
suena genial el vacilar con la percepción forzada y construida de nosotros los
comunes. Imágenes que son lo que representan compuestas de más imágenes más
pequeñas. Entonces, ¿son o no son?, pues lo son en su conjunto y no lo son en
la individualidad. Igual que las sociedades.
Las suyas son hiperfotografías, sí, y con toda la intensión
de la masificación. Imágenes pensadas para el espectador que no por eso dejan
de ser bellas y cargan consigo un sentido muy alejado de lo vano de la
publicidad nociva.
Me gusta su trabajo: es imaginativo, es potencial, es
explosivo, es soñador, es infantil, es inmaduro, es anciano y es inteligente.
Se necesita cabeza para soñar tanto y aún más cabeza para hacer que el
espectador lo haga también.
Él toma fotos no pensando necesariamente en la imagen, sino
en sus aplicaciones posteriores. Miles de fotos suyas son desconocidas tal vez
por la falta de utilidad que pudo atribuirles. Y no tienen que ser asombrosas, sino tienen
que formar en conjunto algo asombroso. Eso es lo que me sorprende de su
trabajo: la mentalidad corpórea, orgánica del todo compuesto por pequeñeces.
Me gusta más como cuentista en imágenes que como pensador
serio, pero supongo que no podría serlo sin tener un eje recto y firme del que
asirse para continuar.
Sus modificaciones son simples. Simples como las que hace
cualquier persona en programas de edición fotográfica, sólo que a otro nivel
creativo mucho más profesional.
Y en ese caso, ¿cuál es la diferencia entre ellos, que son
artistas, y cualquier fotógrafo que circula sus imágenes por internet?, los
conocimientos, las aplicaciones, las intenciones y sus formas. El empleo de la estética
y los círculos de divulgación. Los primeros concientizan de formas bellas,
brutales y estudiadas. Los segundos placen según sus vanidades un poquito más
mundanas.
¿Dónde quedan los estudiosos, los virtuosos y lo creadores
en un mundo tan competido, tan globalizado, donde la información viaja más
rápido que el sonido y cualquiera puede tener acceso a ella?, en libros y
bibliotecas, en conferencias para quien quiera de enterarse de un punto de
vista nada desapegado pero sí bien estructurado y estudiado. Quedan ahí, donde
sólo pueden ser alcanzados por curiosos y gente con interés.
No es tan difícil encontrarlos si se quiere, lo complicado
es asimilar lo que de ellos se entiende y comenzar a aplicar sus
descubrimientos y utilidades en beneficio positivo. Uno a uno, como las
hormigas de una colonia.
Dicen que el ser humano sería mucho más feliz de darse
cuenta su propia insignificancia, porque entonces cobraría más sentido como
parte de un todo y sus dificultades pesarían unos gramos menos. ¿Será cierto?,
me gustaría pensar que sí. Me hace un poco más libre y no por eso menos
importante.
Seríamos mucho más felices si dejásemos de devorarnos, pero
nos encanta el sabor a sangre. Amamos los panoramas grises gracias al
aburrimiento y no esperamos mas que el final al apagar el televisor.
-Ana C.C.
Muy, pero que muy útiles referencias:
http://www.magis.iteso.mx/content/hoy-todos-somos-fot%C3%B3grafos-pero-con-una-cultura-visual-escasa%E2%80%9D-pedro-meyer
http://www.pedromeyer.com/biography/publica_libros.html
http://ulisesdfotografia.blogspot.mx/2014/09/pedro-meyer-y-joan-fontcuberta-ensayo.html
*Imágenes de Pedro Meyer:
https://www.google.com.mx/search?q=pedro+meyer&es_sm=122&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAcQ_AUoAWoVChMIg9LV2L_IyAIVAaA-Ch0mLQyG&biw=1366&bih=643
http://oscarenfotos.com/2014/08/23/postfotografia/
*Imágenes de Joan Fontcuberta:
https://www.google.com.mx/search?q=joan+fontcuberta+herbarium&es_sm=122&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0CBsQsARqFQoTCLK548fcyMgCFcxeHgodAjsCZA&biw=1366&bih=643