jueves, 27 de agosto de 2015

Mil (y tantas) palabras acerca del libro de Susan Sontag “Sobre la Fotografía”

Una mala reseña, un mal ensayo y una mala crítica (pues no sé escribir):

(Me gustaría, aunque fallo a mis propias expectativas, el poseer la capacidad real de escribir un ensayo con todas las de la ley. Sin embargo temo por mi propia inutilidad con este respecto. Así bien, relataré tan claramente como pueda mi sentir acerca de la obra procurando que cualquier persona, sea o no semejante mío en cuanto a los quehaceres, sea capaz de entender mis palabras e incluso me animo a pensar que ésta podría ser un mal intento de recomendación literaria. Por lo demás, mis disculpas.)

Esta última semana le he dedicado un espacio a la lectura de este texto tan bien elaborado. No lo digo por intentar halagar indebida e injustificadamente a la autora; me explico: El libro, de una escritura amena, pero no sencilla, presenta al lector una placentera explicación a modo de relato que habla de los cambios en la imagen a través de los años.
No es el tipo de lectura que una persona cualquiera elegiría simplemente porque sí para disfrutarla con una taza de café como a cualquier novela, sin embargo, puede tomarse como tal. La temática es más bien informativa (o de sensibilización, como dijo el profesor) aunque con los trazos agridulces de quien escribe con gran placer intentando volver experiencias propias en un texto informativo, apenas lográndolo. Si bien describe los hechos y técnicas con claridad, falla en lo que otros libros similares no: no logra un desapego total. Y es justamente esta característica lo que hace al escrito tan amable a ojos del lector: la cercanía con quien lee sus palabras.
Leer el libro es como adentrarse en los propios pensamientos de la autora, que los traduce a manera de que las ideas sean claramente entendidas por el receptor. En algunas partes de éste, incluso parece charlar con quien lo lee.
En mi opinión es un texto necesario para quien busca iniciarse en un arte tan simple y tan complejo, tan espiritual como es la fotografía. Pero esa es sólo una opinión mía, pues habrá quién pueda hacerlo sin pasar sus páginas. Ahora bien, corregiría mi afirmación anterior incitando mejor a los aficionados (y tal vez futuros fotógrafos de profesión) a que repasen en libro. Como introducción es bastante bueno, te absorbe y obliga (aunque no sé si es lo correcto decirlo de esta manera) a meditar acerca de la tarea, la obra de estar tras una cámara con el pulgar a punto para disparar.
Sirve cual cafeína matinal para aquél que sufre de insomnio. Combustible para la creación de ideas propias.
Hablando de reflexiones mías acerca de lo leído, concuerdo grandemente con la autora en varios aspectos, muy a pesar de ser menos que una novata quien apenas sabe sostener la cámara sin que ésta caiga.
Es cierto, la fotografía nos enseña a apreciar lo que vale la pena verse, diferenciándolo de todo aquello que afortunada o desafortunadamente tenemos que ver. Fotografiar, al igual que pintar, significa apropiarse del objeto que se retrata y a cambio darle un pedacito de sí, o dejarlo en el lienzo a modo de tributo. Tan antigua es la necesidad humana de preservar momentos como lo es la inventiva del hombre. No escatimamos, hará unas cuantas décadas, en crear un aparato para satisfacer dicho deseo de preservar, de guardarse en un pedacito de papel para luego recordar como quien ve sus dibujos del jardín de niños y piensa en toda suerte de cosas.
Quien toma una foto se adueña del sujeto que retrata -dice la autora-, y convierte su cuerpo en un "ente" de carga simbólica. Y es cierto, pues abandona de alguna manera su individualidad para darle espacio al espectador de ateñirle el significado que guste darle según su percepción de la imagen. Pero me permitiré diferir en este asunto un poco, pues si bien es cierto que en la fotografía se retrata precisamente eso, el corazón quimerizado del fotógrafo y del retratado; en opinión mía, hay pocas cosas que revelen más de un modelo por sí mismo, como persona, como lo hace un dibujo o una pintura. Ésta es más laboriosa pero no por eso más sencilla. Quien pinta observa al modelo con un detenimiento tal (si desea hacerlo correctamente) que a veces imagino que, de alguna manera, absorbe parte de su esencia con el pincel y luego la estampa de mil formas en el lienzo. El corazón del pintor se esconde en las pinceladas, entre las cerdas del pincel, pero la totalidad del sujeto que se retrata se halla en la composición por sí misma. Esa es mi opinión.
El pintor es digno y un poco orgulloso donde el fotógrafo podría parecer humilde sin dejar de ser ambicioso, creo. A veces y por como relata la autora en su libro, me da por pensar que el corazón de un fotógrafo late más rápido que el de un dibujante. Pero, claro, esa es pura fantasía mía.
De vuelta al libro, Susan nos hace ver entre líneas y sobre ellas, que el sostener una cámara e identificarse con el sujeto a retratar son casi hechos de la casualidad, locuras atemporales, caprichos de la espontaneidad. Bellos caprichos, eso sí, que muestran la otra mirada de los objetos más allá de la lente. Convierte la realidad a un hecho bidimensional destinado a perdurar, deambular y propagarse si tiene suerte, así, los objetos retratados, pasan a ser símbolos más allá de la carga real de su existencia. Es decir, en palabras mías destiladas de las de Sontag, el fotógrafo es el escritor de un idioma distinto, nuevo, cambiante y universal.
Y sin cerrarse al arte (donde su redacción podría considerarse así, tal vez), habla de posturas, de opiniones propias y ajenas, de profesionales que se dedican a lo mismo, es implacable; critica con la elegancia de un mosquetero armado hasta los dientes, con bellas palabras, los hechos y la historia del arte de su profesión.
El libro propone (omitiendo en muy gran medida el lenguaje académico propio de escritos de su misma índole) lo que podría considerarse la carga "real" (por así decirlo) del fotógrafo para/con la sociedad, el arte y su propia ocupación, dejando al mismo tiempo un hueco en el cuál el lector pueda residir para crearse sus propias dudas. Es precisamente eso lo que me entusiasmo a leerlo más allá de las dos primeras decenas de páginas.
La experiencia de la lectura fue, en mi caso, bastante agradable, y me atrevo a decir, con mi boca de total inexperta, incluso reveladora. Fue un buen ejercicio introductorio a la que tal vez, podría ser una de mis futuras dedicaciones.

Y todo este insufrible monólogo fue, por supuesto, mi mundana opinión.

-Ana C.C.


martes, 18 de agosto de 2015

¡La primera entrada!

Antes que nada, esto es un blog destinado a la publicación de mis trabajos escolares, y con un tanto de inspiración, de mis futuras obras.
Cuando hablamos de Fotografía como tal, no poseo ninguna experiencia. Por supuesto, he sostenido la cámara de mi celular y tomado con ella toda suerte de fotos lejanas al arte, de mi vida cotidiana, de los momentos felices y también de aquellas cosas que me gustan. He hecho uso y abuso de mi celular para guardar apuntes, notas del pizarrón y fotos de carteles de acá y allá, de cosas que me parecen interesantes, y probablemente seguiré haciéndolo.
Sin embargo, hablando de la Fotografía real, de la verdadera Fotografía, de ésa que busca por medio de un enfoque adecuado, de una luz perfecta, de algún momento efímero, fugaz pero valioso, capturar la escencia misma de las cosas; ÉSA, no la he practicado. Sobra decir que hasta este momento no he tenido un interés real en ella. El sostener una cámara fotográfica en mis manos pasa a ser un peso enorme al pensar en que ésta se me resbale, y prefiero rechazarla a permitir algún accidente... sí, todo ello antes de siquiera pensar que en lugar de la posibilidad de dejarla caer sin querer, con ella podría hacer cosas maravillosas, si me empeñara en ello, si me atreviera a sostenerla correctamente.
Ésta es, en la opinión de mi madre, una profesión de lo más noble. Ya iré por mí misma elaborando mi propia opinión al respecto conforme avancen las siguientes semanas. Muy recientemente he ingresado a ésta, mi nueva casa de estudios superiores, La Esmeralda, donde un mundo de probabilidades y de posibilidades se abre repentinamente al cruzar el umbral de piedra de la entrada.
El silencio mismo es prueba de su potencial. 
Con todo lo que se diga que la escuela posee y de aquello que careciese, tiene en sí el alma de una semilla desconocida, de cualquier forma, textura y color, que cualquier día de estos asomará por encima del suelo sus hojitas. Faltarán días, semanas antes de averiguar de qué flor se trata, pero por lo mientras se presenta como una oportunidad con mil posibilidades a futuro. 
Así, precisamente, extiende su abanico de opciones, extendiendo una mano amiga desde el interior de una (aparentemente) tranquila, sencilla y silenciosa comunidad estudiantil de futuros artistas. 
Como alumna de nuevo ingreso, recibiré gustosa lo que ella pueda otorgarme. Me gusta andar por la vida a ciegas, pues así de irresponsable soy. Tomaré lo que me ofrezca y experimentaré con él para nutrirme lo más posible y emprender mi propio camino dentro de algunos años. Con algo de suerte podré devolverle el favor de una u otra manera en un futuro.
Ahora: Puesto que este blog fue una tarea, he aquí la parte que corresponde a ello:

(Marisa, mi mejor amiga, sonriéndome)

¿Qué es una buena fotografía?
No me atrevería a intentar definir algo tan complejo siendo yo una novata. Pero, si he de ponerlo en palabras propias, sería algo muy similar a una buena pintura: una imagen que por sí misma y sin necesidad de palabras, transmite lo que busca transmitir. Claro, hay muchas variantes, como la luz, el lugar, la intención, el sujeto de la fotografía y otras tantas imposibilidades, sin embargo, si en dado momento todas estas variables se uniesen para crear en su conjunto algo bello, éso, es una buena fotografía. Y aún si alguna de aquellas variables faltase a su compromiso, mientras las demás sean puntuales, la imagen saldrá bien.
Recuerdo que algunos años atrás, en el Zócalo de la ciudad, se posó una gran carpa en cuya entrada se leía 'Museo Nómada'; aquella fue, de todas las exposiciones a la que he ido en mi vida, la más bella. Es imposible describir la sensibilidad de las imágenes ahí exhibidas, o la belleza con la que se tomaron, la delicadeza del autor o la sensación de paz que ahí dentro se respiraba, mas, sin temor alguno, puedo afirmar que en mi propia opinión, aquella fue la muestra más sublime a la que he asistido... hasta el día de hoy, claro.
La fotografía es, para nuestros tiempos, un medio irrefrenable de transmisión, No es tan universal como otras artes (la música o la danza, por ejemplo), sin embargo es clara, directa y veloz. Nada retrata mejor un ambiente en específico que una buena fotografía. Una imagen sucede ser, a veces, más poderosa que todos los demás medios de difusión. Es la primera en tatuarse en los ojos y la última en irse tras la impresión. Cuando son muy impactantes, prefieren quedarse dentro, ahí, ocultas en nuestra nuca, esperando para saltarnos nuevamente a la mente.
Como estudiante, este medio me será innegablemente útil. Registros y experiencias, trabajos, todos se pueden documentar por el mismo canal: un lente. Ya sea que únicamente dedique mi cámara a guardar registros o que descubra una pasión por la fotografía, será su práctica la excusa perfecta para buscar en el día a día un momento bello digno de guardarse.


-Ana C.C.