jueves, 17 de septiembre de 2015

El inicio de la independencia fotográfica

Durante alguna entrada anterior hablé de Cartier Bresson, un fotógrafo atrapado dentro de su cámara que prefería mantener vírgenes e intactas las fotografías que tomaba, buenas, malas o regulares, pues estaban en su estado más puro. 
Para ese entonces la fotografía terminaba ya de conformarse como un arte independiente de la pintura o cualquier otro arte visual, pero antes de ello, se apegaba tanto como pudiese a éste e incluso lo imitaba.
Durante la plática del viernes pasado en el aula SUM se nos habló un tanto de eso. El ponente era un profesor un tanto mayor muy agradable, con facilidad de palabra y carisma. Estaba especializado, según comentó, en fotografía estadounidense antigua, digamos, principios del siglo XX. 
La charla duró alrededor de dos horas en las que trató la evolución de la fotografía, desde su finalidad intencional, su apego a la pintura y su desapego, aunque esto último sólo lo habló de pasada. Se enfocó más a la fotografía antigua y la belleza de esta, habló de algunas de las ventajas y muchas desventajas de ésta y de los aún así bellos efectos que lograban. Por supuesto, mencionó que algunos autores no tenían la intención de hacer sus imágenes brillar por ser fotografías, sino por ser imágenes similares a las pinturas, aunque tocó algunos que ya comenzaban a separarse y a crear por su lado. 
Se hablaba ya de la belleza de ésta por sí misma y sus efectos como algo distinto te la pintura, aunque parecía apegarse a ella tanto como le fuese posible. Tal era la visión de la época. 
Nos pasó una serie de imágenes de la época, en opinión mía, bellas, que retrataban paisajes comunes, lugares de paso, calles nevadas y marcadas por las carretas y automóviles clásicos. Algunas otras de modelos desnudas, que posaban para fotógrafos pintores en una sola sesión lo que, sin la cámara, tendrían que posar en varias sesiones. Otras tantas de bosques brumosos, de casas y personas que tenían en ellas un aire nostálgico, misterioso y bello. 
La mayoría se trataba de imágenes que hacía surgir preguntas, fragmentos de historias no escritas que permitían al espectador hacerle de autor y narrador en lo que suponía ser su continuación. Era cierto, asemejaban a la pintura suave y tallada clásica con la diferencia de la nostalgia, del misterio, del encanto de éstas y de saber que los paisajes y personas y árboles que ahí aparecían, alguna vez vivieron, existieron y respiraron.
Contenían precisamente esa chispa viva que caracteriza a la fotografía y que con frecuencia se apaga en la pintura, he de reconocerlo. En ese aspecto, la captura de imágenes sucede palpitar más que la imitación de figuras. Hablando de la eternalización de la realidad, la fotografía parece ganarle al resto de las artes y con creces. No hay de otra.
Las imágenes que se nos expusieron tenían ese pedacito de alma absorbido dentro de sí más allá del resto que queda fuera una vez movilizado el modelo. La imagen resultante tiene vida, un espíritu viejo y enigmático, un niño juguetón y travieso o una amante de labios rojos. Un poco de cada uno.
La guía del exponente, si bien útil, a veces salía sobrando: las imágenes hablaban solas y él lo sabía. Claro que su tarea era más bien darnos referencias históricas y demás acerca de los adelantos estéticos de este arte, pero a veces se abstraía admirando su propia presentación de figuras monocromáticas por su propia, clásica, antigua belleza. Y no lo culpo, claro, me pasó una o dos veces a lo largo del último tramo de la exposición.
No creo ser capaz de transmitir lo que las imágenes que me presentaron el pasado viernes me transmitieron. Como hubo algunas que me causaron una profunda impresión debido a su belleza, hubo otras que no hicieron sino despertar mi indiferencia. Aquel era un contraste muy fuerte entre la intensión de admirar y la necesidad de admirar. No tuve de otra mas que callar y observar intentando seguirle el hilo al ponente. 
No era nada complejo, el hombre era claro y agradable, lo difícil se encontraba del otro lado de la visión, en mi cabeza. 
Fuera de ello, se trató de una plática amena, amable con los oídos, agradable para el cerebro. La exposición resultó llevadera, digerible y sencilla. Muy informativa, pues toda la información la traía ya resumida y simplificada. Seguramente tantísimos años de preparación le permitieron hacer algo como aquello, tan pequeño como puede hacerlo alguien que sabe lo que dice y dice lo que desea. 
Mis felicitaciones al hombre, por ser tan humano en su habla con el público. Sonaba algo nervioso, emocionado como lo está quien habla de un tema que ama, pero bien. 
En esta ocasión no queda sino decir que fue tiempo muy bien empleado. Nada costó el escucharlo con atención. Incluso sus narraciones acerca de los viajes y retratos de pintores fotógrafos resultaron interesantes. 
Me agradó y es todo lo que me queda concluir al respecto.Valió mucho la pena.

-Ana, C.C.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Breve revisión de técnicas impresión fotográfica antiguas.

La evolución de la actividad humana y sus métodos ha acompasado el paso del tiempo y la necesidad del hombre de acelerar y mejorar la calidad de sus procesos y quehaceres. La fotografía, por supuesto, no se vio exenta de dicho pasar incontrolado, y a lo largo de los años ha evolucionado, de impresiones borrosas y un tanto difusas sobre placas, a las imágenes digitales (carentes de la necesidad de impresión) del día de hoy.
Así pues, como parte de este interesante tema, hoy mencionaré algunas técnicas de impresión fotográfica antiguas nada más para tener un poco más de información al respecto. No estarán del todo en orden cronológico por dos razones: muchas de estas técnicas aparecieron simultáneamente, la mayoría son contemporáneas de la segunda mitad del siglo XIX; y sólo planeo hacer descripciones rápidas de ellas, ya que son varias, y hacerlo en dicho orden implicaría un trabajo de investigación más a fondo que bien podría relatar después, para no quedarme sin temas.
Creo que tal vez haga eso…
En fin, he aquí algunas básicas conocidas, para empezar a darnos una idea de cómo llegamos a los métodos de impresión y reproducción fotográfica actual:

*Cianotipia: Inventada por Sir John Hershel en la primera mitad del siglo, esta técnica permitía crear copias azulosas sobre tela, papel, madera, piel, cerámica, entre otras fibras textiles y naturales. Por ser una técnica relativamente económica, pues no necesitaba de químicos tan costosos como el resto de las técnicas de impresión y prescindía del cuarto oscuro. Era para las últimas décadas del siglo XIX una buena opción de impresión y copiado, principalmente usado en la recreación de planos, dibujos, apuntes y material académico en general, con la desventaja de no poder recrear tonos negros (sólo azules) y tender a las altas luces.
El papel de algodón se barnizaba con una sola capa uniforme de la mezcla de las sustancias A (citrato de fierro amoniacal verde y agua destilada) y B (ferrocianuro de potasio) en iguales porciones, para posteriormente exponerse al sol en contacto directo con el negativo durante media hora. Posteriormente se lavaba con agua libre de cloro a 21 grados durante diez minutos para quitar el excedente de sales de hierro y evitar que la imagen se desvaneciese. Después se fijaba en una inmersión de agua oxigenada por cinco minutos, finiquitando así la oxidación de hierro, para luego repetir el proceso de lavado inicial.

*Carbón: A mitades del siglo XIX, en Francia, Louis-Alphonse Poitevin inventó este proceso libre de sales de plata, que se utilizaban principalmente para la creación de retratos e ilustraciones académicas, aunque no fue tan popular como otras técnicas, como las impresiones en albúmina, por ser complejo y caro.
El papel se cubría con gelatinas impregnadas con sales de cromo, pigmentadas con carbón (o cualquier otro color) y sensibilizadas con bicromato de potasio. La hoja se dejaba secar en un lugar oscuro y posteriormente se ponía en contacto directo con el negativo y se exponía a la luz del sol en una prensa. Las zonas expuestas directamente a la luz endurecían manteniendo el pigmento. Posteriormente, el papel se ponía en contacto con una hoja de soporte o transferencia sumergidas en en agua caliente. Las zonas no endurecidas anteriormente se disolvían, el papel carbón se desprendía y la gelatina endurecida se pegaba al papel de transferencia. Una vez hecho esto, se le sumergía en un baño fijador de aluminio y agua para estabilizarlo. Se pasaba la imagen resultante a un lavado de agua fría, se aclaraba con bisulfito de sodio y solidificaba con una solución de formol. La imagen resultante era permanente, raramente se decoloraba o desgastaba y conservaba sus propiedades indefinidamente.

*Calotipo: Antes de terminada la primera mitad del siglo XIX, Talbot presentó ante Westminster una forma solicitando la patente de su nuevo proceso de impresión, que le permitía sacar de un mismo negativo las copias que desease del positivo, solucionando así la problemática de las copias fotográficas de las cuales existía sólo una pieza única. Él propuso la base de lo que suponían ser los principios de la fotografía actual (negativo-positivo).
Se trataba de un papel impregnado de yoduro de potasio y nitrato de plata que se sensibilizaba inmediatamente antes de la fotoexposición con una solución de ácido gálico y más nitrato de plata. La imagen se formaba (apenas visible) tras cinco minutos de exposición y se dejaba secar. El negativo revelado se fijaba con aún más nitrato de plata y ácido gálico, y de él se sacaba el positivo poniendo el contacto otra hoja ya preparada y repitiendo el proceso. Así, de un mismo negativo se podían sacar gran número de copias de gran fidelidad.

*Daguerrotipo: para este proceso, el fotógrafo utilizaba una placa de cobre galvanizado con plata pulida hasta la claridad de un espejo, para después exponerla a vapores de yodo (que la tornaban dorada) con el fin de hacerla fotosensible. Luego se colocaba en el interior de la cámara, evitando ser tocada antes por la luz, para finalmente exponerla y que ésta adquiriera una imagen.
A la hora del revelado, se le pasaba por vapores de mercurio, que se fijaban a la placa creando una membrana blanca de mercurio y plata. A la imagen que aparecía se le fijaba con una solución caliente de cloruro de sodio (o sea sal común) y posteriormente con hiposulfito sódico, para después lavarla y secarla para retirar el excedente de yoduro de plata. Posteriormente, se le sellaba en un paquete daguerriano, que consistía colocar la placa entre un trozo de papel engomado y un cristal para evitar que agentes externos la oxidaran y así se perdiese la imagen.
Éste tipo de procesos, además de ser complejos y tóxicos debidos al tipo de químicos requeridos para su fabricación, resultaban limitantes en cuanto a usos, en principio, porque los largos tiempos de exposición (de un cuarto a media hora); y en segunda porque la imagen resultante era única y raramente se podía conseguir una copia de ella.
Fue inventado en 1839 por Louis Jacques Mandé Daguerre en Fracina, y se mantuvo en uso hasta 1860.

*Ambriotipo: Este método copiaba en su base al daguerrotipo, reemplazando la base metálica por una de cristal, donde la imagen se formaba sobre una solución de algodón y ácidos nítrico y sulfúrico en éter, sensibilizados con plata. Básicamente presentaba las mismas limitaciones y usos que el daguerrotipo, por lo cual se fue al declive en 1865, quince años después de iniciado.

*Ferrotipo/tintype: Similar al daguerrotipo, la imagen se fijaba sobre una placa de hierro en vez de una cobre, se sensibilizaba con colodión y nitrato de plata anterior a su exposición en la cámara, resultando en un negativo químico con apariencia de positivo debido a su barnizado con tinta japonesa y a la placa negra. Fue inventada por el profesor Adolph Alexandre Martin.

*Colodión: consistía en el uso de filamentos de algodón en alcohol y éter como conductores de sales de plata para sensibilizar el cristal. Producía negativos de calidad y permitía menores tiempos de exposición con la desventaja de que, en su variante húmeda, la placa sensibilizada debía de utilizarse de manera inmediata para lograr capturar la imagen, lo que la volvía sumamente inconveniente para los fotógrafos, que se veían forzados a cargar consigo tiendas de campaña a modo de sala oscura provisional y laboratorio ambulante.
En su versión seca, la placa de colodión húmedo se cubría con gelatina o goma tras pasar por el proceso químico fotosensibilizador. De esta manera, se conservaba hasta por seis meses retrasando el efecto inmediato del colodión seco a cambio de un menor contraste de claroscuros en las imágenes. Se podían barnizar, aunque las sustancias químicas que conformaban la imagen solían reaccionar con aquellas del barniz resultando en la desaparición del contenido de la impresión.

*Albúmina: Las hojas de papel se cubrían con claras de huevo batidas a punto de nieve (o sea, hasta tener una consistencia ligera y suave parecida a la del merengue), para después salarlas y sensibilizarlas con nitrato de plata. El papel quedaba brillante y las sales de plata no alcanzaban sus fibras una vez protegido con la capa de albúmina salada.
Esta técnica permitía crear copias de las fotografías. El negativo se ponía en contacto directo con el papel albuminado por medio de una prensa (que el fotógrafo había preparado de antemano al tomar la fotografía) y se dejaba expuesto al sol alrededor de una hora. La pieza final era caneluzca y se tornaba amarillenta con el paso del tiempo. Al craquear la emolución u oxidarse la plata, la imagen se deterioraba.

*Platinotipia: esta técnica era muy parecida a la del copiado fotográfico por albúmina, con la diferencia de que utilizaba sales de platino y no de plata por su estabilidad química, que permitía crear copias más fieles y mejor definidas a pesar de la directa adhesión de los químicos al papel.
Hacía uso de la fotosensibilidad del hierro creando copias a partir de un soporte de cloro-platino potásico y oxalato férrico, para después fijarse con un baño ácido. El principio era el mismo: el negativo se exponía en contacto directo con la hoja ya procesada y el resultado era una reproducción de la imagen fotográfica. Se mantuvo en producción desde finales de 1870 hasta la segunda década del siglo XX.

Nota: con el deseo de producir en las imágenes cierta sensación de profundidad, se adhirieron a las cámaras lentes estereoscópicos que permitieron crear este efecto y así dar paso al principio de las lentes fotográficas actuales.

*Negativos sobre nitrocelulosa: A finales del siglo XIX, George Eastman, pensando que había que superar la etapa de las copias y fotografías con soporte de cristal, produjo los primeros negativos plásticos sensibilizados con gelatina y bromuro de plata. Como material usual, empleaba por soporte plástico el poliéster, y el nitrato, diacetato y triacetato de celulosa.
Este proceso vino a superar la exposición por luz solar y sus inconvenientes en cuanto a iluminación atmosférica debido a que el papel era mucho más sensible a la luz que sus predecesores, por lo cual los tiempos de revelado eran mucho menores e incluso lograban revelarse con luz artificial. Este método fue el principio del papel fotográfico que usamos hoy en día.

*Papel sobre gelatina: La conocida fotografía en blanco y negro usada hasta la fecha. Ésta técnica permite ampliaciones de las imágenes a diferencia de sus predecesoras debido a que el papel fotosensible responde a la luz artificial. Así, el negativo se expone con luz a determinas alturas o distancias en el interior del cuarto oscuro y el tamaño de la imagen puede variar según el tamaño del papel y la nitidez que se desee conseguir. Del negativo se pueden extraer un sinnúmero de copias.
Ya que no necesita la exposición directa a la luz solar, puede revelarse independientemente del clima o la estación del año, indisposiciones de sus antecesores. El papel, compuesto por un soporte de pulpa o madera procesada para formar distintos gramajes, una capa de pigmento blanco de barita y gelatina y otra de bromuro de plata, que es la que crea los contornos y formas al oxidarse, es sumergido tras exponerse en tres soluciones: el revelador (compuesto por alrededor de quince sustancias químicas), ácido acético e hiposulfito de sodio, para después ser bañada en una corriente de agua para retirar los restos químicos y asegurarse de que la imagen no se deteriore.
La imagen expuesta se forma en la capa de gelatina sensibilizada, y puesto que las fibras del papel no resultan visibles, la nitidez resultante supera a aquella de sus predecesoras.
La fotografía a color, que llegó unos años más tarde durante la segunda mitad del siglo XX, desciende de la misma línea diferenciándose en que los colores se creaban primeramente durante la exposición en la máquina reveladora equipada con filtros cromáticos, y en segunda químicamente durante el revelado al hacer reaccionar el papel con el revelador a color. Posteriormente se aplica un blanqueo para eliminar las partículas metálicas. Luego un baño en agua, después uno en fijador (hiposulfito de sodio), otro lavado y más tarde un proceso de estabilización para asegurarse de la mínima decoloración de la imagen, para finalmente pasar al proceso de secado.

Este proceso es el antecesor directo de lo que hoy se conoce como fotografía digital (tema que no trataré debido a que la entrada hablaba de métodos de revelado antiguos), que es la que utilizamos a la fecha.  Como lo veo, la fotografía como tal inicia por ahí de 1840, y hasta hoy han transcurrido un siglo y casi ocho décadas. Ha sido un proceso largo y muy necesario para la documentación gráfica de sucesos y descubrimientos que la pintura o el retrato entorpecían (por así decirlo) debido a su proceso y significancia atribuida. Si bien comenzamos con imágenes en placas metálicas y papel, hoy gozamos de dispositivos minúsculos que guardan una gran cantidad de información, que pueden portar tantas imágenes como se desee y permiten una difusión veloz y sencilla por los medios debido a la red informática.
Cada cosa, cada suceso puede congelarse con objetos tan pequeños como un celular o una cámara de mano, sin la necesidad del costoso aparato que era la cámara en sus inicios. Ya prescindimos (de así desearlo) del cuarto oscuro y podemos movernos directamente a la impresión sin tener que pasar por un proceso químico real. Basta con tender la hoja bajo la impresora y ésta la reproduce en la escala que se necesite. Y con la misma facilidad puede distribuirse por todo el mundo sin tener que existir físicamente.
La evolución hasta este punto ha sido realmente significativa, sumamente veloz, a comparación de otros artilugios, como los carros o las lámparas que necesitaron mucho más tiempo para ser lo que son hoy en día, en mi opinión.
Revisar sus pasos, aunque tedioso, fue un tanto interesante y como datos culturales, resultan buenos. Nunca sobra saber acerca de estas cosas para darse cuenta de cómo es que llegamos a este momento y las penurias que pasaron los inventores del pasado. Te hace pensar que, aunque estás en el pasado de alguien futuro, realmente este presente es una cosa privilegiada que debería de provecharse mejor. Y los adelantos hasta el día de hoy, más que una maravilla, parecen milagros, aquellos que los antiguos en su época soñaron con tener y que existen en nuestras vidas cotidianas como parte de algo simple que ellos alguna vez desearon ver y contribuyeron para crear.

-Ana C.C.


Muy, pero muy útiles referencias:

http://www.fedac.org/fotos-antiguas/técnicas
http://procesosfotograficos.blogspot.mx/
http://ariifoto.blogspot.mx/2012/09/tecnicas-antiguas-de-impresion.html

http://www.digitalfotored.com/fotografia/reveladocolor.htm

jueves, 3 de septiembre de 2015

"The impassioned Eye", un hombre atrapado tras la lente.

El viernes pasado en el aula SUM, el profesor de Fotografía y unos ayudantes nos proyectaron un largometraje francés (con el doblaje sobrepuesto al inglés británico, sin subtítulos) cuyo tema central era la vida de H. Cartier Bresson, un fotógrafo que en el siglo pasado se hizo de un nombre justamente ganado por sus fotos.
Calculo mentalmente que el vídeo tiene una duración de... ¿hora y media, tal vez?, bueno, en él se habla de su vida, de las cosas por las que pasó y los hechos que aconteció y logró fotografiar para que futuras generaciones o quien quisiera, pudiera verlos, relacionarlos con sucesos del momento y darles así una significación más acertada o por lo menos cercana a lo que Bresson quería transmitir.
En la narración se cuenta con el apoyo de dos críticos principales y uno asistente (si no mal recuerdo), una mujer y dos hombres, que juzgan desde sus perspectivas las obras del fotógrafo, relatan y dan su propio visto y opiniones partiendo de su experiencia, pues pertenecían al mismo campo. La contraposición armónica de dichos lados del mismo relato, que es la vida y obra de Cartier, crean bifurcaciones informativas (y de opinión) que apuntan a la misma dirección partiendo de distintos focos. Uno, al verlo, realmente puede sentir que el hombre dedicó cada ápice de su existencia a la creación de imágenes fotográficas significativas. Dios sabe si todas fueron buenas, sólo sus allegados fueron testigos de esas fotos, de las que conocemos y de las que nadie conocerá, y pueden decir abiertamente que conocen su obra en sí.
Cuando mencionamos las fotos, algunas son bastante buenas. Él habla a veces del lugar en el que las tomó o las circunstancias en las que se encontraba (por ejemplo, las menciones al funeral de Ghandi, la liberación de Paris, conflictos armados, etc.), menciona la espontaneidad y la casualidad, como si aquellas fuesen aliadas suyas, y de cierta forma lo son. Sus fotografías son bellas en todo el sentido artístico, opinión, y la relevancia que le da a la que ha sido la carrera de su vida, está totalmente justificada. A su edad es un artista sencillo que guarda en su casa un sinfín de imágenes interesantes, donde juegan la perspectiva, la oportunidad y los lugares. En muchas de ellas puedo ver el gran aprovechamiento del espacio, donde el fondo y el sujeto a retratar se encuentran fundidos en una imagen donde se resaltan entre sí creando un efecto equilibrado entre estética y significado que me agradó.
Sus paisajes son calles como cualquiera, bardas, muchedumbres, cualquier tipo de escenario, lo cuál demuestra su gran habilidad de adaptación. La capacidad de convertir cualquier lugar en el potencial trasfondo de la historia mental que el espectador con toda seguridad elaborará al ver el resultado, en él es un rasgo característico enorme. Pareciese que viera el mundo entero en cuadros que desde uno u otro ángulo podrían ser dignos de retratarse.
Sus cuadros cuentan cuentos por sí mismos, son imágenes que prescinden de la necesidad de ser explicadas. Se encuentran a la altura (en opinión mía) de cualquier obra de arte costosa, cualquier pintura o cuadro antiguo digno de ser presumido por algún ricachón, pero con la bendita suerte de no pecar de orgullosos, pues todas sus fotografías tienen un dejo humano rara vez visto en otros como él.
La música de fondo también resultó agradable, muy a juego con el tema en general. Sin embargo y para los efectos de la sala de audiencias y la concurrencia de ese día, resultaba un tanto arrulladora como el video mismo, lento.
A mi parecer es una producción meramente sensibilizadora, a modo de tributo a un gran artista por su labor a lo largo de tantos años. Un reconocimiento muy merecido dada su trayectoria.
Pero, hablando de mis intereses personales, no es algo que yo, en la comodidad y holgura de mi casa, vería a voluntad. No porque su contenido no sea bueno, porque lo es, sino porque difiero en el tipo de proyecciones que gusto de ver.
Lo recomendaría, sí, a quien busque hacer trayectoria y entender cómo es la vida de un fotógrafo real, que ve en la Fotografía no una profesión, sino un estilo de vida. Por lo demás, a pesar de ser un muy buen largometraje, no me atrevería a mencionarlo, pues no es de mi agrado del todo.
Es interesante, porque muestra al artista como el hombre mortal, normal y sencillo que es, lejos de la concepción general del artista como un ser dramático, antisocial y complicado. Habla de su vida, de su historia como el hombre que ha vivido tantísimas cosas hasta el día de hoy, y sobrevivido con pruebas de ello en mano. Muchas pruebas muy hermosas, cada una por sí misma. Habla de su lenguaje propio, del dialecto al interior de sus obras y del mensaje que transmiten. No se menciona directamente en el vídeo, pero la pasarela de fotografías dejan esto en claro al público al estamparse por sí mismas en la pantalla.
El concepto es bello, la vida y la obra a través del tiempo, pero el vídeo es demasiado lento, aunque no puede ser de otra forma, y es justamente esto lo que desmerecía a ratos mi atención.
Dentro de todo, el verlo fue una experiencia agradable y no dudaría en verlo nuevamente, de tener que hacerlo.

-Ana C.C.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La visita al laboratorio de Fotografía

Uno pensaría que hoy en día ya no haría falta aprender a revelar imágenes fotográficas analógicas, pues vivimos en una era de invasión digital; sin embargo, quien haga mención de dicho comentario probablemente desconozca (y si no, tendrá sus razones) de lo divertido que puede resultar.
Antes que nada, el laboratorio es un lugar sumamente agradable, a mi parecer. Es un tanto oscuro, iluminado con luz roja de seguridad (que hace una muy útil diferencia), suele estar limpio y ordenado para evitar accidentes y es muy cómodo. Hablaré desde mi experiencia personal:
En mi grupo somos 21 alumnos usualmente silenciosos. Las dos sesiones que empleamos en conocer lo básico de este asunto se dividieron en dos días consecutivos. 
El laboratorio es un lugar sumamente interesante y vagamente iluminado. Huele ligeramente a químicos ácidos, todo esta ordenado y dentro de él se mantiene sólo el material indispensable, mientras el resto es procurado en orden. 
Para ingresar en primera instancia hay una puerta de metal sin ventanas y más allá una cortina negra, esto es porque si la luz llegase a hacer contacto con el papel fotosensible, lo arruinaría y no sería posible revelar nada en él, así que, para evitar accidentes, primero se pasa por la puerta, se cierra bien y luego se ingresa al laboratorio. Al salir se pasa la cortina, se asegura que nada de luz podrá ingresar y entonces se puede abrir la puerta. 
Toma un rato acostumbrarse a la falta de luz natural (luz blanca/amarilla), sin embargo, en mi caso, para al segunda sesión ya estaba totalmente acostumbrada. Las ayudantes de profesor pasaban a revisar nuestro trabajo cada tanto y se aseguraban de resolver nuestras dudas y mostrarnos cómo hacer los ejercicios. Nos regalaban muestras de papel fotosensible para practicar el revelado.
Yo hice equipo con una compañera de nombre Yaret, y nos instalamos en la tercera máquina de revelado a color, de izquierda a derecha. 
El ejercicio consistía en, con los trozos de papel, hacer pruebas de iluminación para hallar el negro más saturado en las hojas, pues al darles la luz, éstas (usualmente blancas) cambian de color tiñiendo de negro los lugares en los la luz lo tocase.
Cambiamos la luz blanca de la máquina por luz roja de seguridad para evitar que el papel se arruinara, ajustamos una hoja de 4x5 pulgadas y colocamos el foco a una altura de 17.7 cm iniciales, con un diafragma de 5.6, para antes de la exposición. Cambiamos la luz roja por luz blanca y comenzamos un experimento de pigmentación del papel fotosensible, cubriéndolo con una hoja de papel normal, misma que recorríamos cierta distancia cada cinco segundos para ver qué parte de éste se saturaba más de color. 
Posteriormente lo fuimos a revelar. Primero lo pasamos por una bandeja roja (que bajo la luz de seguridad se ve negra) y lo dejamos ahí minuto y medio. Luego la pasamos al baño de paro, de la charola blanca (que bajo la luz de seguridad se ve roja) durante diez segundos. Después lo pasamos al fijador, de la charola gris (que se ve verde) y ahí lo dejamos tres minutos, para finalmente pasarlo a la bandeja de agua corriente y dejarla reposar cuatro minutos para que se enjuagase.
El resultado no fue nada bueno, la hoja fotosensible salió totalmente negra, dejándonos en claro que el tiempo de exposición bajo la luz blanca había sido demasiado.
Para nuestro siguiente experimento, colocamos una tira de aspirinas sobre la hoja y la expusimos unos 12 segundos, repetimos el proceso de revelado y la imagen salió decentemente bien. El cuerpo de la tira se reflejó como una mancha blanca en un fondo negro.
Para la segunda sesión decidimos cambiar los datos de la máquina, de modo que aumentamos la altura del foco a los 27 cm, igual que el diafragma a 8. La hoja era de la misma medida. Ésta vez, decidimos aumenta la exposición a 14 segundos y colocar sobre el papel fotosensible unas figurillas que Yaret trajo.

                                      

(El feliz fotograma del elefante de marfil y el perro de madera)


El resultado fue bastante bueno, pues ahora se veían las figuras en su totalidad.
Después de esto, hicimos dos o tres pruebas más, que salieron exitosas, y con ésto concluimos la sesión.
Cabe mencionar que el espacio me pareció muy bueno y la oportunidad excelente. Es cierto, yo poseo una cámara digital, pues hay que reconocer que para los usos que planeo darle, una analógica saldría siendo muy costosa por los gastos en material de impresión y escaneo, sin embargo, aprender lo básico de revelado no sale sobrando. Nunca está de más un extra de información al respecto. La experiencia fue realmente agradable, en un lugar con privacidad lejos del ajetreo exterior. 
En una era donde la globalización instantánea de los hechos no hace sino arrinconar y eliminar la privacidad de los individuos, el revelado de fotos simula un oasis a veces necesario para aclarar los pensamientos. El laboratorio es un espacio silencioso y agradable donde uno se encuentra a solas con las imágenes y nada más en un lugar sin distracciones que te obliga a concentrarte en tus actividades. En ese tiempo puedes dedicarte a meditar, como un ejercicio de respeto propio. 
Hay un silencio general en el aula, y más allá del necesario murmullo de los demás estudiantes, me sentí bastante cómoda, como envuelta en misterio. Una no podía sino emocionarse a ver cómo la imagen se comenzaba a teñir de negro en la charola del revelador, apresurando al reloj para poderla pasar a las siguiente bandejas con químicos. 
Salir a la luz del día es de alguna manera sorprendente. Dentro del laboratorio no pasa el tiempo. Ya sea que el ejercicio haya resultado bien o mal, te entran las ganas de hacer otro y luego otro más. Experimentamos con texturas y con objetos para ver el impacto de éstos en el papel. Algunas fotos salieron muy bien y otras... pudieron haber salido mejor.
De cualquier caso ésta fue una experiencia fascinante que me incita a pensar que, en un futuro y con una noción más amplia de la Fotografía, bien podría hacerme de una buena cámara analógica y adentrarme nuevamente en ese espacio de maravillas para poder volver a ver la aparición súbita y casi mágica de las imágenes en una hoja de papel donde antes no había nada.

-Ana C.C.