jueves, 18 de febrero de 2016

El Hombre de la Cámara: un nuevo idioma, dudas nuevas.

Esta fue la primera película que el profesor nos dejó ver en casa a falta de tiempo.
El Hombre de la Cámara, 1929, intenta diferenciar en su contenido la vida que se percibe en las películas de aquella que se percibe con el ojo en la realidad. Mientras que la película anterior (Historias de Lisboa) y ésta tienen en común la idea del artista que sale a la calle a pesar de los peligros del diario con su equipo a captar sus alrededores, el Hombre de la Cámara presenta situaciones un tanto más peligrosas considerando el ambiente de agitación en el que se elabora y las situaciones en las que e camarógrafo se mete. 
Así, el autor revela la "realidad" de su presente a través del vídeo sin ser ésta necesariamente real, sino un reflejo creado a partir de ideales que se entremezclan con las imágenes en movimiento intentando imitar la sensaciones que e experimentan en la realidad con movimientos de cámara, ciertos ángulos y escenas, sin diálogo alguno. Se apega en ocasiones a la mera necesidad de transmitir las imágenes de la manera más fiel (en cuanto a la situación cotidiana) que le es posible revelando también que dentro de todo ese esfuerzo existe la imposibilidad de transmitir las situaciones como el lo desearía pues, para hablar de tales cosas hace falta vivirlas y experimentarlas, no sencillamente verlas en la pantalla.
El autor graba escenas del día a día: los preparativos del día, las personas del diario, las mujeres arreglándose, los eventos comunes, las calles concurridas, las tiendas, los obreros en sus fábricas, la maravillosa cotidianidad musicalizada, cosas de alguna manera similares a Koyaanisqatsi, pero contando una historia de manera más o menos serilizada y de alguna forma más definida.
Puesto que se trata de una película sin actores, sin guión, sin reparto, sin nada, simplemente haciéndose del lenguaje universal de las imágenes entendibles dado que es un experimento, intenta plantear que el cine es, a diferencia de todas las demás artes, un lenguaje nuevo que debe de tratarse como tal sin intentar imitar a las demás disciplinas pues el medio y los resultados son distintos.
La película sostiene de alguna manera que el vídeo o el cine no tienen que imitar la vida como es, sino que, al ser medios de expresión creados a partir de ella, pueden diferir de la realidad cuanto quieran pues el mensaje no tendría porqué transmitirse de la manera en la que se presenta inicialmente. Abre las posibilidades a formas expresivas nuevas por medio de estos canales que antes se usaban para registrar sucesos en el tiempo solamente admitiendo las imposiciones e incapacidades propias de los receptores y del equipo mismo... y un tanto de los espectadores. 
Hoy en día nos queda un poco más claro, pues con tanto avance tecnológico y toda la suerte de historias fantasiosas que se crean para después pasarse al cine, los efectos que se le han agregado a las artes cinematográficas han permitido que las historias desvaríen un poco de cómo solían ser, sin embargo, siguen muy apegadas al sentido humano y a presentar los ideales de éste tan fielmente como sea posible pues de otra manera historias tan irreales no lograrían establecer conexión con el espectador, supongo.
Se trataba más bien de un experimento divertido, algo así como el juego de un niño, pues el camarógrafo mismo parece un niño que explora con una lupa. Una lupa un tanto cara para la época.
Es inútil intentar retratar la vida tal cual en una película pues siempre diferirá de la realidad tangible. Resultaría mucho más sencillo idealizarla y transmitir algo más intangible para que el espectador relacione las situaciones con su cotidianidad y no tanto con sus deseos y fantasías (como sucede en la ficción), en ese sentido la realidad sí se vería imitada aunque se modificaría en función de los individuos y el vídeo habría cumplido con su función primaria.
Esto me plantea todo un nuevo problema de transmisión de información: ¿el espectador experimentará exactamente lo que quiero que experimente?, ¿cómo puedo transmitir los mensajes de manera eficiente?, ¿qué quiero que sienta?, ¿realmente importa eso sólo me interesa la idea de transmitir y ya?, ¿la imagen depende de otros medios para entenderse?
Pues ya vi que no, pero, puesto que somos seres, aunque inicialmente visuales pues es lo primero que hacemos al nacer de manera un tanto consciente, las imágenes tendrían que entenderse, más estamos compuestos de otros elementos, como el lenguaje musical (éste ya se comprobó universal y en esta caso exalta bastante bien las situaciones) y el lingüístico, además del físico, por ejemplo, y hay que admitir que el idioma ayuda a definir la idea un poco más.
Toda una serie de modificaciones a mi trabajo podrían más o menos satisfacer dichas dudas aunque, conociéndome como lo hago, la idea es sólo perfecta en mi cabeza.
Todo su proceso de fabricación me hace pensar en la cantidad de horas, días, que pasaron haciendo la película, pues es rica en tomas y situaciones, y en la duración que la película tendría si las imágenes se reprodujeran a su velocidad natural. De hecho, la única constante en ella es, de hecho, el hombre con la cámara.
Por lo pronto y con nuevas dudas a resolver, volveré a repasar el filme para aclarar mis ideas. Tal vez nada tengan que ver con la película en varias aspectos, sin embargo fue lo que me inspiró un poquito.
El cine es un pequeño mundo al que aún nos falta explorar, algo así como el universo dentro de los libros con miles de puertas por cada ejemplar. Hará falta un poco más de estudios.
La película me gustó bastante pues incluso la música es juguetona y divertida, espero las siguientes sean así de buenas.

-Ana.


Historias de Lisboa o el inocente sonidista.

Hará cosa de dos semanas, de nuevo, el profesor nos puso una película en el aula para deleite de la clase. Se trataba nada más y nada menos que Historias de Lisboa, una película muy divertida, entretenida y un poco poética.
Philip Winters, un sonidista profesional es contratado por Friedrich Monroe, director de cine y camarógrafo que graba a lo largo de un tiempo escenas de Lisboa, para grabar el audio de sus tomas de la ciudad opara así completar su película.
Winters recibe una sorpresa al llegar al lugar y encontrarse no sólo con que Monroe ha desaparecido dejando su cinta incompleta, sino que suma a sus responsabilidades el cuidar de unos niños de la localidad que lo ayudan a grabar aún más escenas y lo acompañan a lo largo de su estadía agregando humor al filme.
La película dentro de la película proyecta tomas de la vida cotidiana de las calles de Lisboa: una mujer lavando la ropa mientras canta, el tranvía bajando y subiendo, el afilador con sus cuchillos, perros ladrando, etc., etc., etc., escenas que Winters debe de completar con los sonidos propios de la ciudad, mismos que graba andando con una pierna rota y todo su equipo de acá para allá igualando los personajes de las escenas tanto en sus acciones como en sus localizaciones para hacer más precisas las grabaciones.
Así Winters conoce Lisboa, andando entre sus aceras y callejones. Mientras tanto, Monroe continúa enviando mensajes y nuevas tomas desde lugares de la misma ciudad, evadiendo a Winters cuanto puede y al mismo tiempo burlándose de él como lo haría un buen amigo.
Se trata de una película con un humor muy inocente pero bastante efectivo, con una trama interesante, sin efectos exagerados, con una continuidad muy humana, bastante digerible y agradable.
En ella no sólo se refleja Lisboa como es, con sus imperfecciones bellas como ciudad, sino como el hogar de muchas personas, de muchas almas y de muchas historias que nadie conoce. Se habla de la infancia, de los niños, del romance como un bohemio lo imaginaría y de bromas groseras pero divertidas.
Me agradaron las tomas, los personajes, su función en la historia y sus pequeñas aventuras cotidianas (como la proeza de grabar el sonido del tranvía mientras éste bajaba), nada sobraba, nada faltaba, dejaba un final abierto que no pudo haberse mejorado, pues habría perdido encanto la historia, y permitía al espectador crear su propia versión de las situaciones no dichas. Bastaba con una insinuación ligera para plantear toda una situación posible y es ahí donde reside también parte de lo que la hace, en opinión mía, una buena película.
Espero las siguientes sean igual de buenas. Hasta ahora ninguna de las dos me ha desagradado.

-Ana C.C.

jueves, 4 de febrero de 2016

La cámara oscura y la cámara lúcida: herramientas y juguetes.


Comencemos por aclarar qué es cada una de ellas:
La cámara oscura es un espacio falto de iluminación en el que se encuentra un agujero, única fuente de luz, que proyecta la imagen exterior de la cámara hacia el interior de manera invertida, antecedente de la cámara fotográfica y base de otras tantas cosas.
La cámara lúcida, por su parte, es un aparatito que ayudaba a los dibujantes a centrar su atención paralelamente en su lienzo y en el modelo o paisaje. Constaba de espejos y/o lentes que reflejaban la imagen inmediatamente enfrente y sobreponían (a vista del artista) la imagen reflejada y la dibujada en la retina del dibujante de modo que éste ya no tenía que estar volteando y resultaba relativamente más sencillo recrear la imagen en el papel.
Ambas se utilizaron para la recreación de escenas e imágenes, sin embargo, la cámara lúcida es un objeto puramente individual mientras que la cámara oscura ofrece proyección y la posibilidad de compartir la experiencia, aunque se trata de una invención por mucho más grande que la primera y se debe de estar dentro de ella para darle uso.
La cámara lúcida, por su parte, crea en la retina la imagen y la sobrepone con aquella del papel facilitando la elaboración del dibujo, sin embargo, se trata de algo puramente virtual pues resulta personalizado (a costa de cada par de ojos que la usen) y no existe posibilidad alguna de masificación. La cámara oscura, a pesar de ser estorbosa por sus dimensiones, en ese aspecto es más práctica pues ofrece la posibilidad de varios espectadores y así lo suyo es una proyección, no una representación ni una compensación, sino una copia directamente colocada para apreciación del usuario.
La calidad de imagen, sin embargo, dependía de varias cosas y tales variantes se multiplicaban en la cámara oscura, donde la luz, la distancia entre la pared y el agujero y el estenopo y la imagen del otro lado modifican de manera significativa la proyección. En cambio, dicho suceso era menos frecuente con la cámara lúcida, aunque, claro, también influenciaban bastante en la imagen reflejada.
Entre ambas no prefiero ninguna pues tienen procesos distintos como lo son sus resultados aunque, supongo, la finalidad de ambas en un inicio era la misma. Son sencillamente distinta y sus adaptaciones evolucionaron evidenciando esto.
Mientras que la cámara oscura pasó a ser el antecedente de las cámaras actuales (ya sean de proyección o fotografía), la cámara lúcida pasó a ser un objeto de entretenimiento personal. Juguetes se fabricaron con ella.
El impacto de ambas en la época debió de ser similar, y a fin de cuentas se utilizaban para dos cosas: educación y entretenimiento solamente. Una se debió a algo un poco más técnico donde otra se volvió algo más informal y aunque ambas son relevantes y entiendo el porqué de la comparación, prefiero no comentar de ellas pues me suceden interesantes e importantes, no generan en mí todavía una curiosidad real.


-Ana C.C.

Koyaanisqatsi, patrones humanos y referencias naturales; la humanidad como ente descontrolado.


La semana antepasada, terminando la clase de Video y tras un breve receso, el profesor DiCastro nos puso un largometraje con el que buscaba ilustrar un poco sus expectativas con respecto al curso.
Koyaanisqatsi era una película documental (por así decirlo) sin diálogo alguno. Contaba únicamente con acompañamiento musical y se trataba de la humanidad, su relación consigo misma en sus diferentes ámbitos y con la naturaleza.
Iniciaba con tomas espectaculares de paisajes de todos lados: selvas, desiertos, lagos. Las nubes se deslizaban por el cielo manchando la tierra a pedazos y los ríos corrían dejando a su huella las colinas tatuadas con su paso. En primera instancia no entiendes del todo de qué va la muestra hasta que dejas de centrarte en ver y comienzas a dejarte ir… un poco.
Y te golpea la idea: millones de años tuvieron que pasar antes de que las cosas casi por consenso, tomasen su lugar en la naturaleza. Se sentía armónica la relación entre los entes que conviven sin la egolatría del hombre en un mismo espacio. Las cosas funcionaban como los mecanismos de un reloj, aunque resulte injusta la comparación. Perfectas, sencillamente perfectas e hiladas.
Luego llega la humanidad, un hervidero de gente similar a un hormiguero pateado donde sus habitantes corren desenfrenados de un lado a otro con la diferencia de que los primeros son sumamente arrogantes donde los segundos aprendieron a funcionar. Las ciudades y fábricas, los cruces y el tránsito. La contaminación y la producción, la gente, los hombres que son explotados y los transeúntes en las calles.
Varias tomas rítmicas, perfectamente sincronizadas con la música, mostraban las calles y a la humanidad en su esplendor. Las grandes poblaciones y los autos que avanzaban lentamente entre los semáforos. Los transportes, el metro, los empleos y tal. Las fábricas y su maquinaria, su palpitar como seres vivos fríos y metálicos pero profundamente sorprendentes que, en su composición, en incluso a gran escala, parecían imitar al medio natural que vio nacer a los hombres.
El tránsito vehicular y los semáforos y cruces como el palpitar del corazón y el avance de la sangre entre válvulas de venas y arterias. Las planchas y bandas de las máquinas como ríos, como brisa, como viento. Los hombres como hormigas y los particulares como anónimos, como las fotografías de NatGeo de la naturaleza. Los trenes como grandes serpientes, como gusanos o topos en su madriguera y los autos como escárabajos.
De pronto, el ritmo humano parecía aferrarse al ritmo natural, a lo único que realmente conocía denotando no sólo una gran inventiva, sino una gran ignorancia. Evidenciando la arrogancia propia de la inteligencia y la falta de respeto propia de la estupidez.
Más tarde la producción en masa como producto de la sobrepoblación y el abuso a los recursos, la contaminación y el desgarre de la tierra, el desollamiento del suelo y el desollamiento a la propia humanidad. La población por sobre el individuo y el individuo como producto de venta.
Las grandes ciudades comparadas con tarjetas y chips que asemejan a ellas mismas en miniatura. El hombre imitando a la naturaleza y más tarde a sí mismo, deformándose, deshaciéndose y reconstruyéndose en su búsqueda de la identidad animal perdida, en búsqueda de la relación cortada con el mundo entero y la imposibilidad de incluso conectar con sus semejantes en especie. Luego la prepotencia de quien se autodefine para no caer apenas empezando a tambalearse… y el silencio.
Koyaanisqatsi, según el autor, hace referencia a una vida desenfrenada, sin límites, insostenible.
Con esta serie el autor da a entender bastantes cosas aunque, las imágenes por separado, no transmiten nada. Es en su conjunto cuando el mensaje se figura, y por la manera en la que está constituido, supongo que éste cambia dependiendo del espectador: sería ésa la ventaja de un buen acomodo dentro de un largometraje que carece de diálogos lingüísticos.
Se trata de tomas aceleradas que en segundos muestran horas de grabación. Fotografías sobrepuestas tomadas en intervalos uniformes que creaban la ilusión de movimiento al ser corridas sucesivamente. Nubes moviéndose perezosamente en tres segundos y mil personas cruzando la calle en dos.
Precisamente en eso constó la tarea de esa misma semana: tomas sucesivas de acciones para crear un fenómeno similar con las cámaras. Koyaanisqatsi fue el ejemplo perfecto de tomas fijas que en su conjunto transmitían de sobremanera un mensaje bastante claro: abuso humano.
La idea en sencilla y la película sumamente compleja. Demasiadas tomas desde lugares muy variados con equipo especial y permisos y de más. Nosotros no poseemos tales recursos pero algo podemos hacer con tal de construir un discurso medianamente decente, supongo.
La película me gustó, me hizo sentir mareada con tanto movimiento, en ocasiones aburrida, pero todo el tiempo sumamente absorta, como una mosca pegada a un foco. El mensaje se coló y figuró dentro de mí por sí mismo, no necesitó sino razonamiento básico para tomar cuerpo.
No la recomendaría, no es algo que le gustaría a cualquier público si no se busca capturar ese tipo de esencias. Es maravillosa por sí misma, de cualquier manera.
Espero poder disfrutar de cosas similares en la proyección de mañana. Con algo de suerte sucederá igual de agradable.


-Ana C.C.