Hace un mes (de nuevo con las publicaciones con retraso) para las plenarias nos pusieron una película llamada 'El Arca Rusa' (Russkiy kovcheg, 2002, Aleksandr Sokúrov) cuya magia reside no sólo en su trama sino en el maravilloso y magnífico hecho de que se trata de una sola toma en steadicam (cámara móvil) que dura 90 minutos.
La cámara capta a su paso toda suerte de hechos interpretados por los actores en un sorprendente acto de coordinación casi perfecta entre el camarògrafo y todo el equipo de actuación mientras pasea por el Palacio de Invierno (Museo Hermitage) al tiempo que la historia se narra sola enmedio de una conversación entre el personaje principal, un narrador anónimo que dice estar muerto y los hechos que transcurren a su alrededor.
A su paso va encontrándose con personajes tanto reales como ficticios que representan las historias que se vivieron en ese mismo palacio (generalmente la historia sintetizada de Rusia) al tiempo que interactúa con 'el europeo' (el Marqués de Custine), con quien conversa a lo largo de todo el filme, a veces interviniendo en las historias de los demás personajes, rompiendo paredes y paseando por los pasillos, y otras veces pasando totalmente inadvertidos como testigos invisibles a los hechos.
Detalles como la vestimenta exacta a aquella de las épocas que ahí se muestran, no en orden cronológico, vuelen creíble y sencilla de digerir la historia en general.
Mientras que se recorren salones, teatros y habitaciones que en tiempo real representan las historias en una excelente muestra de coordinación e ingenio, ambos narradores charlan observando todo a su alrededor.
La película culmina con gran baile y la salida de todos los invitados que descubren, a su paso, que toda la historia yace en una balsa que flota llevando consigo a toda la cultura rusa.
Creo que de todo esto lo que más me sorprendió fue la asombrosa coordinación entre el camarógrafo y los actores en escena. Tiene pinta de haber contado con un presupuesto muy decente y una gran iventiva.
Me gustó la película y sí la recomendaría por la gran cantidad de contenido histórico que contiene. Es realmente algo mágico de ver, que se entiende y no marea a pesar de ser una sola toma.
Me gustó mucho, ojalá y nos pongan cosas así más seguido.
Ana C.C.
domingo, 1 de mayo de 2016
Gary Hill y el beat interno
Tendrá dos o tres semanas que el profesor de Vídeo nos puso para la clase una muestra de las obras de Gary Hill, artista visual performancero (y otras tantas cosas) que cree en la instalación y en el videoarte.
De lo que recuerdo del vídeo fue el juego entre los colores, y las imágenes haciendo alusción a la pantalla colorida que las televisiones viejitas ponen cuando no reciben señal, rojos saturados, amarillos brillantes y azules profundos que se mezclaban entre ellos y con los sonidos, a veces coordinados con las imágenes, a veces no, para crear efectos caóticos.
Es gracioso cómo el cerebro relaciona y crea ritmos de forma casi automática, conectándonos con lo que vemos o escuchamos al sincronizar sus propios procesos con aquellos que se detectan. No es novedad el hablar del cambio en la frecuencia cardíaca que en ocasiones experimentamos al escuchar la música que nos agrada. La igualación del beat en los procesos internos.
Por decirlo de alguna manera, fue algo similar aunque el artista sincronizaba y desentonaba colores, imágenes en movimiento y sonidos para cambiar dicha entonación natural del espectador, a mi parecer, casi jugando con un fenómeno de sinestesia.
Es interesante su forma de comunicar las cosas, pues las imágenes sólo trasmiten la idea (una idea compleja) al hallarse juntas. Solas no cobran sentido, ni siquiera la relación con los colores dominantes que enmarcaban las tomas a veces, pues se trataba de performances y acciones a veces separadas, a veces relacionadas, que se presentaban consecutivamente. Así pues, se trataba de una obra compuesta de piezas separadas que únicamente expresaban ideas coherentes y aún así desordenadas (aunque parecía ser la intención) al verse juntas y dejarse capturar por su mood extraño.
No es tan complejo meterse en el ambiente de sus vídeos y la información no tiene ni que digerirse en ocasiones. Dentro de lo que se concibe como el lenguaje visual requerido para transmitir una idea en un vídeo, Gary Hill halló una vertiente que pronto se transformó en un idioma propio, con sus ritmos y poesías.
Me resulta complejo hablar de algo tan puramente suyo, así pues, me atendré a decir que de sus logros ese, vídeo era evidentemente uno. Es bueno, aunque no lo vi completo, y es agradable y un poco mareante. Es interesante y como forma expresiva funciona bastante bien. Sus tomas tienen una duración decente y justa y las combinaciones de colores, imágenes y sonidos eran muy sugestivas al grado de lograr una interpretación distinta y personal en un público de gustos similares con una misma pieza logrando conservar la idea original. Admito que aquello es un gran logro considerando todas las variaciones que de ello podrían mencionarse.
Es un buen artista, justamente reconocido por sus vídeos e instalaciones y performances. Sigue siendo un hombre creativo a pesar de tener ya una edad avanzada, por decirlo de alguna manera, y su perseverancia e inventiva bien podrían usarse como inspiración para nosotros. Las ideas más complejas nacen de los hechos más simples, como un vídeo en el proyector.
El videoarte no es mi fuerte ni una fuente de interés fuerte en qué fiJarme pues me viro más al ámbito de la ilustración, pero sí me permite hacerme de nuevas ideas para crear imágenes.
La combinación entraña de ciertas imágenes y ciertos sonidos me dieron una idea de desorden que bien puede vertirse a crear cuentos nuevos. No sé, tal vez requiera más atención de mi parte en un futuro debido a su capacidad comunicativa.
Fue un vídeo interesante, por lo menos lo poco que alcancé a ver.
A.C.C.
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