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jueves, 16 de junio de 2016

Isaac Julien, Playtime and Kapital: grandes pantallas en grandes salas.

Mi segundo intento por entrar al MUAC a ver la exposición de Isaac Julien se llevó a cabo el pasado martes, cuando, junto con una compañera de clases, partimos al museo en bicicleta terminadas las clases. 
Ciertamente no fue nuestro día de suerte dado que llovió un tanto y nos perdimos en el trayecto alrededor de hora y media, pero logramos dar con el museo y para mi agrado, no había fila en la taquilla.
Puesto  que ahí mismo Anish Kapoor expone en la sala continua, la primera vez que fui, decliné la entrada al notar que la fila le daba la vuelta al edificio, ahora, sin embargo, era entresemana y no había nadie.
Ingresamos rápidamente a la sala pasando por una entrada de tablaroca en la que se explicaba un tanto de la exposición en español y en inglés. De frente, una sala oscura contenía dos pantallas independientes que proyectaban vídeos entrelazados acerca de una conferencia en la que se hablaba del capital y el arte ante un público visualmente culto, que opinaba al respecto de dicha discusión que iba y venía con charlas de Marx, el mercado, el arte y la sociedad. Kapital.
Los vídeos de cada una de las pantallas interactiaban de tal manera que a veces los subtítulos aparecían en una o en otra. Mientras tanto, los personajes convivían en un ambiente bastante tranquilo de discusión y debate. Dos hombres encabezaban la conferencia mientras alguna decenas los presenciaban ocasionalmente interfiriendo en la línea de discusión para aportar o renegar una u otra cosa.
Dado que mi compañera y yo estábamos húmedas por la lluvia, la calefacción fresca del interior del museo nos afectó un tanto.
En la sala de al lado, en la misma exposición, se encontraba Playground, que mostraba, tengo entendido, tomas variadas de parajes de Islandia, donde un hombre alegaba haber comprado una casa (pues había sido su sueño desde niño poseer un espacio amplio de tipo industrial en el que vivir). 
La casa era enorme y tenía varias habitaciones de formas regulares junto con lo que parecía uan ventana circular. 
Tres pantallas enormes interactuaba esta vez. Mientras dos proyectaban a veces la misma imágen (o por lo menos tomas desde la misma posición) una tercera se despalzaba para mostrar otros planos antes de ser seguida por una segunda y así las tres se desfazaban. A veces una mostraba la casa, otra el patio y una más el paisaje desde lejos.
A veces interactuaban las pantallas y el hombre en la imagen pasaba de una a otra en tomas contínuas, a veces desaparecía, a veces jugaba de la misma amnera con los subtítulos que en Kapital, a veces todo se quedaba en silencio y otras veces las tres mostraban la misma imagen.
No había asientos, sólo un piso alfombrado con varias personas observando en silencio. Ésta fue mi favorita de la dos, lo reconozco, por la magnificencia de las pantallas, la calidad de la imagen y del sonido y el silencio que reinaba en la sala, sólo irrumpido por un ocasional murmullo y la narrativa de los vídeos, además de un poco de ambientación y música en ocasiones.
La historia me gustó, con sabor a hombre melancólico, aunque enr ealidad tuve que abandonar la sala poco antes de que el asunto concluyera, pues al lluvia amenazaba de nuevo y debía volver a casa.
El diálogo entre ambas me pareció interesante, aunque lamento no poder desapegarme lo suficiente de mis experiencias para hablar imparcialmente de la producción y los tecnicismos del asunto, sólo puedo concluir que fue agradable visitar la sala.
Lamento un poco no tener la capacidad de apreciar el videoarte de la misma forma en la que aprecio las ilustraciones o pinturas, no poder quedarme ensimismada en un cuadrito viendo cómo se hizo o qué hizo. No es lo mío, pero puedo apreciarlo sencillamente como expectadora, sin el afán de entender su funcionamiento como cualquier otra persona. Eso me hace mucho más feliz, por así decirlo.
Supongo que mi carrera me arrastrará eventualmente a conocer más de estos temas aunque no seal mi fuerte obviamente. Hasta ese entonces me gusta mi posición con respecto a ellos. Los respeto, más no los admiro.

Ana C.C.
 

domingo, 1 de mayo de 2016

Gary Hill y el beat interno

Tendrá dos o tres semanas que el profesor de Vídeo nos puso para la clase una muestra de las obras de Gary Hill, artista visual performancero (y otras tantas cosas) que cree en la instalación y en el videoarte.
De lo que recuerdo del vídeo fue el juego entre los colores, y las imágenes haciendo alusción a la pantalla colorida que las televisiones viejitas ponen cuando no reciben señal, rojos saturados, amarillos brillantes y azules profundos que se mezclaban entre ellos y con los sonidos, a veces coordinados con las imágenes, a veces no, para crear efectos caóticos.
Es gracioso cómo el cerebro relaciona y crea ritmos de forma casi automática, conectándonos con lo que vemos o escuchamos al sincronizar sus propios procesos con aquellos que se detectan. No es novedad el hablar del cambio en la frecuencia cardíaca que en ocasiones experimentamos al escuchar la música que nos agrada. La igualación del beat en los procesos internos.
Por decirlo de alguna manera, fue algo similar aunque el artista sincronizaba y desentonaba colores, imágenes en movimiento y sonidos para cambiar dicha entonación natural del espectador, a mi parecer, casi jugando con un fenómeno de sinestesia.
Es interesante su forma de comunicar las cosas, pues las imágenes sólo trasmiten la idea (una idea compleja) al hallarse juntas. Solas no cobran sentido, ni siquiera la relación con los colores dominantes que enmarcaban las tomas a veces, pues se trataba de performances y acciones a veces separadas, a veces relacionadas, que se presentaban consecutivamente. Así pues, se trataba de una obra compuesta de piezas separadas que únicamente expresaban ideas coherentes y aún así desordenadas (aunque parecía ser la intención) al verse juntas y dejarse capturar por su mood extraño.
No es tan complejo meterse en el ambiente de sus vídeos y la información no tiene ni que digerirse en ocasiones. Dentro de lo que se concibe como el lenguaje visual requerido para transmitir una idea en un vídeo, Gary Hill halló una vertiente que pronto se transformó en un idioma propio, con sus ritmos y poesías.
Me resulta complejo hablar de algo tan puramente suyo, así pues, me atendré a decir que de sus logros ese, vídeo era evidentemente uno. Es bueno, aunque no lo vi completo, y es agradable y un poco mareante. Es interesante y como forma expresiva funciona bastante bien. Sus tomas tienen una duración decente y justa y las combinaciones de colores, imágenes y sonidos eran muy sugestivas al grado de lograr una interpretación distinta y personal en un público de gustos similares con una misma pieza logrando conservar la idea original. Admito que aquello es un gran logro considerando todas las variaciones que de ello podrían mencionarse. 
Es un buen artista, justamente reconocido por sus vídeos e instalaciones y performances. Sigue siendo un hombre creativo a pesar de tener ya una edad avanzada, por decirlo de alguna manera, y su perseverancia e inventiva bien podrían usarse como inspiración para nosotros. Las ideas más complejas nacen de los hechos más simples, como un vídeo en el proyector.
El videoarte no es mi fuerte ni una fuente de interés fuerte en qué fiJarme pues me viro más al ámbito de la ilustración, pero sí me permite hacerme de nuevas ideas para crear imágenes. 
La combinación entraña de ciertas imágenes y ciertos sonidos me dieron una idea de desorden que bien puede vertirse a crear cuentos nuevos. No sé, tal vez requiera más atención de mi parte en un futuro debido a su capacidad comunicativa. 
Fue un vídeo interesante, por lo menos lo poco que alcancé a ver.

A.C.C.