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viernes, 16 de octubre de 2015

Fontcuberta, Meyer, y la Hiperfotografía según Ritchin.


Pasado el temible libro de Ritchin, una comienza a preguntarse acerca del tornar de este terrible, terrible mundo.
¿Nos comeremos los unos a los otros en pixeles o nos devorarán antes las grandes empresas de hombres sin rostros?, de una u otra manera sufriremos sin darnos cuenta y nos arrastrará la corriente porque puede ser muy fuerte para resistirla… ¿O no?
Tal vez no. No si aprendo a nadar.

Pedro Meyer.
Haciéndome de la bella tarea, busqué por internet imágenes de su obra, las series de Meyer. Soy de la opinión de que la obra debe de hablar por sí misma, pero acertando a opiniones de mi asesora número uno, me he dado cuenta de que el arte (y cualquier cosa) carece de significado, sentido y razón sin un contexto. No existe obra o ser que se halle fuera de él, adelantado a él o lejos.
Así bien, revisé algo de su biografía y otro tanto de sus creaciones. A comparación de Miller (tampoco tengo tantas referencias), sus obras parecen estar demasiado empapadas de él. Como si se trozara con el carrete. Son melancólicas y hermosas a pensar de ser, en algunos casos, grotescas o demasiado crudas. Encontró la manera de engastar belleza y realidad. No parecen hechos, sino sueños o retazos de sueños.
Me gustan sus fotografías, la que pude ver bajando por la barra de Google. Y a pesar de que es básicamente un artista análogo, puesto que toda su obra se encuentra digitalizada para ser parte del dominio público que supone el internet, pasa a ser un creador digital.
“Fotografío para recordar” me hizo trizas. No puedo concebir tanta tristeza en espacios tan pequeños. No sería capaz de preservar tanta agonía, no sólo la de mis seres queridos, sino la mía. Lo veo como un memorándum, un recordatorio para que nada se vaya por el lavamanos. De alguna manera entiendo el desconcierto de ver cómo lo que amamos se deshace y comienza a degradarse hasta desaparecer, y la necesidad de preservarlo para intentar entender y… concebir. Yo misma conservo vestiditos mortuorios de alguien muy importante. Cajas… Pero las imágenes son otra cosa: se trata de una de las primeras informaciones que recibimos desde que venimos a este mundo y una de las más difíciles de olvidar. Recuerdo claramente la sangre escurriendo carretera debajo de algún accidente vehicular que presencié a los siete años.
Supongo que de eso se trataba… de algún pinchazo matinal para olvidar que salió de una pareja para terminar como unidad.
En cuanto a sus montajes, me sorprendo de los contrastes tan vistosos, de colores saturados y vibrantes. El azul resulta irrealmente profundo, casi inconcebible en esta realidad tan provista de colores y tan pobre en exhibiciones públicas. Como otras tantas tonalidades.
Fotos como aquella de la mujer entre los niños Jesús, de las cabezas de cerdo, o de los niños con ojos negros como canicas proponen una mirada a nuestra triste realidad como seres caníbales. No directamente, claro, pues su sutileza se basa en todo el empleo del que fue capaz de la belleza. Por el detalle se graban en los párpados y por el detalle la realidad se vuelve visible. Uno puede perderse en los negros intensos o en las expresiones inocentes y quedarse hasta ahí si no se pone a pensar “¿Qué es?”
Ritchin en su libro “Después de la Fotografía” nos propone precisamente el analizar más allá el mensaje de la obra, sus contenidos y su contexto para entenderla y a sus intenciones. Plantea la hiperfotografía como aquella que interactúa con el espectador haciéndose de ciertos elementos e intentando transmitir un mensaje en concreto.
(Como aquellas de modelos que te insinúan “tienes que ser así o asá y lucir un cuerpo tal y vestirte como cuál…”, acompañadas de alguna marca de ropa o calzado, por ejemplo.)
Se habla de hiperfotografía cuando la imagen ya ha sido modificada para promover ideas consciente y masivamente. En el caso de Meyer, que no tiende a modificar sus imágenes tan drásticamente como lo harían aquellos de publicidad, las ideas van más enfocadas a la concientización y se hace de una estética pura y natural (por lo menos más que la que se promueve hoy en día) para hacerlo. Su acercamiento con seres reales, tangibles, de carne y con identidades, lo vuelve más íntimo en relación al espectador y así la reflexión es totalmente individual, profunda y sensible. Te genera una cierta agitación interior que no puedes sino atender o se esconde en tu cráneo y te escosa hasta obligarte a hacerle caso. Se arraiga de una vez con fiereza a diferencia de aquella pública que se pega por repetición.
¿Es hiperfotografía?, sí, cumple con las características, aunque su enfoque es distinto. Lejos de querernos con ciertas opiniones ya planeadas, nos plantea la posibilidad de la contra o el pro voluntario. Reflexionamos si lo deseamos y si queremos, lo olvidamos. Es totalmente humano, no está mecanizado y mucho menos sabe a labial.


Joan Fontcuberta.
Al igual que con Meyer, repasé su biografía y pasé por su obra digitalmente. Fontcuberta dedicó mucho tiempo al análisis de cambio de paradigmas, de analógicos a digitales; fue premiado con el premio Hasselblad.
Conocer las posibilidades que abre y cierra la nueva era nos ayuda al entendimiento de las implicaciones tecnológicas, sus riesgos, ventajas y desventajas. Es cierto que la velocidad de la información la vuelve accesible, como lo es el hecho de que la posibilidad de ser modificada y redefinida por cualquiera con acceso a ella la vuelve poco verás en varios aspectos. Incluso las imágenes bellísimas de hoy en día son tomadas como composiciones digitales irreales y eso precisamente les resta encanto… básicamente porque somos conscientes de su condición.
Joan se aprovecha de esto obligándonos a creer, modificado los sujetos de las imágenes en un principio, y no las imágenes en producción, en esos pedazos de irrealidad y despertando el imaginario humano más allá del escepticismo natural y de la lógica cotidiana. No, no existen los dragones, pero probablemente él tuvo uno en manos.
La realidad y la ficción son puro humor negro… y de colores.
Fontcuberta, como hombre de pensamiento que es, se divertía jugando con las primeras impresiones que causaban las imágenes. Admitamos que suena genial el vacilar con la percepción forzada y construida de nosotros los comunes. Imágenes que son lo que representan compuestas de más imágenes más pequeñas. Entonces, ¿son o no son?, pues lo son en su conjunto y no lo son en la individualidad. Igual que las sociedades.
Las suyas son hiperfotografías, sí, y con toda la intensión de la masificación. Imágenes pensadas para el espectador que no por eso dejan de ser bellas y cargan consigo un sentido muy alejado de lo vano de la publicidad nociva.
Me gusta su trabajo: es imaginativo, es potencial, es explosivo, es soñador, es infantil, es inmaduro, es anciano y es inteligente. Se necesita cabeza para soñar tanto y aún más cabeza para hacer que el espectador lo haga también.
Él toma fotos no pensando necesariamente en la imagen, sino en sus aplicaciones posteriores. Miles de fotos suyas son desconocidas tal vez por la falta de utilidad que pudo atribuirles.  Y no tienen que ser asombrosas, sino tienen que formar en conjunto algo asombroso. Eso es lo que me sorprende de su trabajo: la mentalidad corpórea, orgánica del todo compuesto por pequeñeces.
Me gusta más como cuentista en imágenes que como pensador serio, pero supongo que no podría serlo sin tener un eje recto y firme del que asirse para continuar.
Sus modificaciones son simples. Simples como las que hace cualquier persona en programas de edición fotográfica, sólo que a otro nivel creativo mucho más profesional.

Y en ese caso, ¿cuál es la diferencia entre ellos, que son artistas, y cualquier fotógrafo que circula sus imágenes por internet?, los conocimientos, las aplicaciones, las intenciones y sus formas. El empleo de la estética y los círculos de divulgación. Los primeros concientizan de formas bellas, brutales y estudiadas. Los segundos placen según sus vanidades un poquito más mundanas.
¿Dónde quedan los estudiosos, los virtuosos y lo creadores en un mundo tan competido, tan globalizado, donde la información viaja más rápido que el sonido y cualquiera puede tener acceso a ella?, en libros y bibliotecas, en conferencias para quien quiera de enterarse de un punto de vista nada desapegado pero sí bien estructurado y estudiado. Quedan ahí, donde sólo pueden ser alcanzados por curiosos y gente con interés.
No es tan difícil encontrarlos si se quiere, lo complicado es asimilar lo que de ellos se entiende y comenzar a aplicar sus descubrimientos y utilidades en beneficio positivo. Uno a uno, como las hormigas de una colonia.
Dicen que el ser humano sería mucho más feliz de darse cuenta su propia insignificancia, porque entonces cobraría más sentido como parte de un todo y sus dificultades pesarían unos gramos menos. ¿Será cierto?, me gustaría pensar que sí. Me hace un poco más libre y no por eso menos importante.
Seríamos mucho más felices si dejásemos de devorarnos, pero nos encanta el sabor a sangre. Amamos los panoramas grises gracias al aburrimiento y no esperamos mas que el final al apagar el televisor.


-Ana C.C.



Muy, pero que muy útiles referencias:

http://www.magis.iteso.mx/content/hoy-todos-somos-fot%C3%B3grafos-pero-con-una-cultura-visual-escasa%E2%80%9D-pedro-meyer

http://www.pedromeyer.com/biography/publica_libros.html

http://ulisesdfotografia.blogspot.mx/2014/09/pedro-meyer-y-joan-fontcuberta-ensayo.html

*Imágenes de Pedro Meyer:
https://www.google.com.mx/search?q=pedro+meyer&es_sm=122&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAcQ_AUoAWoVChMIg9LV2L_IyAIVAaA-Ch0mLQyG&biw=1366&bih=643

http://oscarenfotos.com/2014/08/23/postfotografia/

*Imágenes de Joan Fontcuberta:

https://www.google.com.mx/search?q=joan+fontcuberta+herbarium&es_sm=122&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0CBsQsARqFQoTCLK548fcyMgCFcxeHgodAjsCZA&biw=1366&bih=643