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domingo, 5 de noviembre de 2017

Glitch Art: Fuera de los Medios Nativos.


A partir de mediados de los 70´s (tengo entendido) y hasta la fecha, el Glitch Art, o las imágenes distorsionadas por medio análogos o la programación no nativa (pero sí compatible con los formatos) de algunos tipos de archivos, data o sonidos comenzó a considerarse una forma de arte digital. La modificación de una obra o de una imagen o lo que fuera al transformarla usando medios poco comunes que tuvieran que ver con las tecnologías era considerada Glitch si es que el cambio en éstas hacía referencia a una intermitencia (hechos comunes en las pantallas y el audio de los primeros videojuegos, programas o páginas de internet).
Glitch Art hace una referencia directa a la llegada de las tecnologías a la vida diaria al corromper o modificar elementos de otra manera estables, continuos o comunes. La evolución de la comunicación fue para la humanidad un paso radical hablando de difusión, distribución, investigación y comercialización de los medios, el lenguaje se vio modificado, nuevos términos se acuñaron y una era dio inicio con la masificación de las tecnologías. Ahora se comenzaba a virar a la sociedad a un porvenir más tecnológico y futurista. El arte respondió con ésta técnica (de entre varias) para hacer énfasis en esa transición.
En la escuela nos dejaron hacer un ejercicio similar al modificar imágenes a través de la plataforma de Audacity, yo olvidé las mías en la sala de cómputo, se me pasó el transferirlas a mi USB pero bueno, más o menos de eso iba el tema. 

martes, 7 de junio de 2016

Documentales afrancezados y lo bonito de la biología en sepia.

La semana pasada (ya sin tanto retraso en la entrada) nos pasaron una serie de documentales franceses de principios y mediados del siglo veinte que exploraban la vida marina, organismos pequeños e interesantes.
Gusanos, caballitos de mar, medusas y pulpos fueron los sujetos de los vídeos. Aunque exploraban vagamente , pues faltaba tanto tiempo como información en los vídeos (aunque supongo que se trataba de los estudios más primarios pues apenas se contaba con la tecnología para estudiarlos y documentarlos de esa manera) me gusta la forma en que se narra. Para ser sincera nunca había escuchado un documental en francés y me agradó.
Habla de una forma muy bella de organismos tan comunes pero tan bonitos, como lo son las medusas, que siempre había querido saber qué eran exactamente y son lo que tienen que ser. Punto.
Hace acercamientos microscópicos interesantes de los organismos para hablar de cómo se reproducen y cómo funcionan sus pequeños cuerpos desde lo unicelular, y cómo cada pequeña fracción hace su pequeña parte para mantener la pequeña vida de los organismos que crear los grandes ecosistemas marinos.
Todos, a excepción del de los pulpos, que hablaba de esos animalitos fascinantes de una manera un tanto despectiva, eran monocromáticos y se ubicaban en pequeñas peceras donde los animalitos se estudiaban a lo largo de varios meses (creo) y la documentación se llevaba a cabo con las cámaras.
Aparte del narrador y la música de fondo, los documentales no contaban con audio ambiental. Se trataba de resúmenes muy sintetizados de lo que yo sospecho, fueron tomas muy largas de investigaciones muy extensas por primera vez documentadas.
Me agradaron dentro de lo que cabe y debo admitir que la corta duración de la plenaria fue de mi agrado también.
No fue lo que me esperaba pero no estuvo nada mal.

A.C.C.

jueves, 28 de enero de 2016

Algo acerca del nacimiento del cine, el inicio del semestre y Disney como excusa

Para este nuevo semestre se nos explicó que si bien vamos a ver vídeo, tratarlo y estudiarlo, lo haremos a base de fotos serializadas con una cámara fotográfica en vez de secuencias de video con cámaras de grabación. Esto es para darle una continuidad al asunto del semestre anterior intentando seguir la misma línea y entender a la vez cómo funcionan dichos asuntos de forma más elemental… o algo así.La mía es nada más y nada menos que una Nikon 3100, bastante chula pero con tendencia a los amarillos (¿O tal vez la tendencia es mía?), y hacemos cara a un nuevo semestre con mucha más iniciativa que el semestre anterior. ¿Por qué?, bueno, el proyecto de este semestre me parece mucho más interesante, por supuesto.¡Esto es pura palabrería vacía!, no sabré si poseo la iniciativa o la imaginación para cualquier cosa hasta el momento de enfrentarme a ella.  Un hecho comprobado, por lo visto.El semestre anterior fue bueno: aprendí a tomar fotografías que rallaban en la decencia, a no dejar caer mi cámara, a mejorar mis imágenes con la computadora y a escribir en un blog… eso último no cuenta, pero lo demás sí, y me pareció bastante entretenido.Ahora, con el mismo profesor en una materia en cierto sentido similar, hablamos de video y los inicios del cine. ¿Quién hubiera creído que estos primeros avances se presentarían en teatros como caricaturas pintadas y coloreadas a mano? (refiriéndome a  Emile Reynaud y el Teatro Óptico en 1892)(Me adelanté bastante: muchos otros intentos se hicieron antes pero ése de ahí es mi favorito)Antes de las imágenes en movimiento perse, hubo varios artilugios a modo de juguetes que daban la ilusión de movimiento, algunos de los más famosos utilizados para entretener o educar, como los estudios de movimiento de Muybridge (donde corre el caballito) en el praxinoscopio, la linterna mágica (la caja con la vela y las imágenes sobre placas de vidrio), fueron retomados por artistas en la actualidad a modo de forma expresiva que aprovecha la persistencia retiniana, que es el fenómeno que permite crear la ilusión de movimiento en el ojo donde solamente existen imágenes separadas o sobrepuestas en la realidad.Un ejemplo, no tan apegado pero sí ilustrativo de esto, se puede atribuir a los creadores (y de todas formas artistas) de la película animada de “Tarzán”, 1999, producida y distribuida por Walt Disney Productions ese mismo año.En una parte se utilizan ambos artefactos ya mencionados como parte de la utilería que los expedicioncitas llevaban para su incursión en la selva donde toma lugar la trama del filme, mismos que Jane utiliza para enseñar de la cultura humana a Tarzán cuando éste se acerca a ellos. Phil Collins presta su voz en “Strangers Like Me” en ese parte de la película. (Véase el corto en: https://www.youtube.com/watch?v=a-eNta2oCDk&feature=player_embedded)Si bien los productores no retoman en sí estos artefactos para crear arte sí se utilizan para hacer un referente a la época en la que la historia se desarrolla y bien empleados, como sucedieron ser, ilustran los medios con los que contaban los expedicioncitas e incluso nos hablan un poco de su situación económica si se toma en cuenta también el resto de su equipaje.Durante esas clases privadas a Tarzán, todos los presentes se reunían a ver la linterna mágica de forma similar en la que años después los estadounidenses se reunirían a mirar el televisor. Son pequeños datos, tal vez un poco inexactos para las épocas pero eficientes en su uso, que nos hablan del uso que las imágenes tenían para lo que fueron los inicios del cine.Definitivamente nadie puede saber a ciencia cierta adónde nos dirigimos con los avances de las tecnologías. Las ciencias no son lineales ni las historias mismas lo son, no van tras un fin pensando en mejorar a las siguientes generaciones en sí, sino las siguientes generaciones buscan superar a su predecesores. Totalmente a la inversa.Esto mismo ocurre en el cine, donde todo pareciera ser un accidente intencional. Un animador actual retoma la invención de Emile Reynaud para crear un largometraje donde también hace referencia a Muybridge. Alimentación y crecimiento seguro que hay, las caricaturas hoy en día poseen una mayor calidad que el Pierrot de Reynaud, con toda seguridad, como también son los presupuestos. No deja de sorprenderme que el arte, como ya lo había mencionado, es como un virus necesario.
Un retrovirus. Todas las disciplinas lo son, pero ninguna es tan escandalosa como éste, excepto, tal vez, la política.Las creaciones de aquel entonces tal vez fueran mucho más elementales que las de hoy en día, pero cimentaron las bases de los logros que ahora apreciamos de frente. Nos basaremos en fotografías para crear secuencias de movimiento de la misma manera que ellos en sus inicios experimentaron. Con algo de suerte también se nos encenderá el foco y crearemos cosas así de bonitas (Lo son, realmente).Con algo de suerte mejoraré mis calificaciones y aprenderé muchas cosas nuevas.Con algo de suerte crearé cosas mejores.


–Ana C.C.

Véase también:

https://es.wikipedia.org/wiki/Tarz%C3%A1n_(pel%C3%ADcula_de_1999)

sábado, 5 de diciembre de 2015

Técnicas antiguas y creaciones no tan antiguas.

Hará ya un buen rato que se nos habló de técnicas antiguas de impresión fotográfica. Me parece que yo misma he hablado algo del tema, aunque no mucho.
Para la conferencia de esta semana se trataron las posibilidades del arte viejo de la fotografía analógica de mucho tiempo atrás. Como el daguerrotipo o las primeras gelatinas, y sus efectos chingones en la creación de imágenes.
Hay cierto gusto por la carne, por lo humano, por el error. Y eso lo dejan ver este tipo de actividades y los autores que se expusieron durante la ponencia. Se habló del proceso y del placer de ver a algo nacer. No niego que ver levantarse a la obra es algo mágico aunque terriblemente frustrante e irremediablemente inexacto. Porque somos humanos.
Nuestras invenciones, dicen, nos limitan. Las técnicas antiguas cierran el paso a las nuevas y contradictorias técnicas porque al nieto le gusta llevarle la contraria a su abuelo por puro deporte. Pero yo siento que es mentira. El hombre será siempre más inteligente dentro de la jaula cuando busque su libertad, que fuera de ella sin vivir las carencias. Los límites nos engrandecen, los límites nos obligan a ser mejores y los límites nos realzan sobre los demás. Pero insistimos en romperlos.
Estos artistas vieron en el pasado el potencial de crear cosas hermosas a partir de discos muertos. Serán dotados a ver cómo el pasado y sus procesos cobran vida para crear algo precioso.
¿Y si fragmentamos una construcción?, ¿y si hacemos el amor debajo de la mesa?, ¿y si damos a luz a un sueño?, para eso son las barreras.
Los artistas que se expusieron ese día lo dejaron en claro: somos únicos porque conocemos nuestros orígenes.
¿Y qué haremos nosotros además de dejarnos devorar por computadoras como la que uso para escribir?
Explorar, voltear al pasado y decirle a nuestros predecesores: enséñame todo lo que sepas. No te derrotaré, te superaré con la mano en tu bolsillo trasero.
Hay que avanzar sin olvidar los pasos que hemos dado o las decisiones que hemos tomado. Hay que avanzar ignorando sentimientos estúpidos y prejuicios contra el pasado que a nadie gustan. Hay que tomar fotografías y sobre todo, hay que transmitir para no morir.
Eso aprendí.

Ana C.C.

viernes, 16 de octubre de 2015

Fontcuberta, Meyer, y la Hiperfotografía según Ritchin.


Pasado el temible libro de Ritchin, una comienza a preguntarse acerca del tornar de este terrible, terrible mundo.
¿Nos comeremos los unos a los otros en pixeles o nos devorarán antes las grandes empresas de hombres sin rostros?, de una u otra manera sufriremos sin darnos cuenta y nos arrastrará la corriente porque puede ser muy fuerte para resistirla… ¿O no?
Tal vez no. No si aprendo a nadar.

Pedro Meyer.
Haciéndome de la bella tarea, busqué por internet imágenes de su obra, las series de Meyer. Soy de la opinión de que la obra debe de hablar por sí misma, pero acertando a opiniones de mi asesora número uno, me he dado cuenta de que el arte (y cualquier cosa) carece de significado, sentido y razón sin un contexto. No existe obra o ser que se halle fuera de él, adelantado a él o lejos.
Así bien, revisé algo de su biografía y otro tanto de sus creaciones. A comparación de Miller (tampoco tengo tantas referencias), sus obras parecen estar demasiado empapadas de él. Como si se trozara con el carrete. Son melancólicas y hermosas a pensar de ser, en algunos casos, grotescas o demasiado crudas. Encontró la manera de engastar belleza y realidad. No parecen hechos, sino sueños o retazos de sueños.
Me gustan sus fotografías, la que pude ver bajando por la barra de Google. Y a pesar de que es básicamente un artista análogo, puesto que toda su obra se encuentra digitalizada para ser parte del dominio público que supone el internet, pasa a ser un creador digital.
“Fotografío para recordar” me hizo trizas. No puedo concebir tanta tristeza en espacios tan pequeños. No sería capaz de preservar tanta agonía, no sólo la de mis seres queridos, sino la mía. Lo veo como un memorándum, un recordatorio para que nada se vaya por el lavamanos. De alguna manera entiendo el desconcierto de ver cómo lo que amamos se deshace y comienza a degradarse hasta desaparecer, y la necesidad de preservarlo para intentar entender y… concebir. Yo misma conservo vestiditos mortuorios de alguien muy importante. Cajas… Pero las imágenes son otra cosa: se trata de una de las primeras informaciones que recibimos desde que venimos a este mundo y una de las más difíciles de olvidar. Recuerdo claramente la sangre escurriendo carretera debajo de algún accidente vehicular que presencié a los siete años.
Supongo que de eso se trataba… de algún pinchazo matinal para olvidar que salió de una pareja para terminar como unidad.
En cuanto a sus montajes, me sorprendo de los contrastes tan vistosos, de colores saturados y vibrantes. El azul resulta irrealmente profundo, casi inconcebible en esta realidad tan provista de colores y tan pobre en exhibiciones públicas. Como otras tantas tonalidades.
Fotos como aquella de la mujer entre los niños Jesús, de las cabezas de cerdo, o de los niños con ojos negros como canicas proponen una mirada a nuestra triste realidad como seres caníbales. No directamente, claro, pues su sutileza se basa en todo el empleo del que fue capaz de la belleza. Por el detalle se graban en los párpados y por el detalle la realidad se vuelve visible. Uno puede perderse en los negros intensos o en las expresiones inocentes y quedarse hasta ahí si no se pone a pensar “¿Qué es?”
Ritchin en su libro “Después de la Fotografía” nos propone precisamente el analizar más allá el mensaje de la obra, sus contenidos y su contexto para entenderla y a sus intenciones. Plantea la hiperfotografía como aquella que interactúa con el espectador haciéndose de ciertos elementos e intentando transmitir un mensaje en concreto.
(Como aquellas de modelos que te insinúan “tienes que ser así o asá y lucir un cuerpo tal y vestirte como cuál…”, acompañadas de alguna marca de ropa o calzado, por ejemplo.)
Se habla de hiperfotografía cuando la imagen ya ha sido modificada para promover ideas consciente y masivamente. En el caso de Meyer, que no tiende a modificar sus imágenes tan drásticamente como lo harían aquellos de publicidad, las ideas van más enfocadas a la concientización y se hace de una estética pura y natural (por lo menos más que la que se promueve hoy en día) para hacerlo. Su acercamiento con seres reales, tangibles, de carne y con identidades, lo vuelve más íntimo en relación al espectador y así la reflexión es totalmente individual, profunda y sensible. Te genera una cierta agitación interior que no puedes sino atender o se esconde en tu cráneo y te escosa hasta obligarte a hacerle caso. Se arraiga de una vez con fiereza a diferencia de aquella pública que se pega por repetición.
¿Es hiperfotografía?, sí, cumple con las características, aunque su enfoque es distinto. Lejos de querernos con ciertas opiniones ya planeadas, nos plantea la posibilidad de la contra o el pro voluntario. Reflexionamos si lo deseamos y si queremos, lo olvidamos. Es totalmente humano, no está mecanizado y mucho menos sabe a labial.


Joan Fontcuberta.
Al igual que con Meyer, repasé su biografía y pasé por su obra digitalmente. Fontcuberta dedicó mucho tiempo al análisis de cambio de paradigmas, de analógicos a digitales; fue premiado con el premio Hasselblad.
Conocer las posibilidades que abre y cierra la nueva era nos ayuda al entendimiento de las implicaciones tecnológicas, sus riesgos, ventajas y desventajas. Es cierto que la velocidad de la información la vuelve accesible, como lo es el hecho de que la posibilidad de ser modificada y redefinida por cualquiera con acceso a ella la vuelve poco verás en varios aspectos. Incluso las imágenes bellísimas de hoy en día son tomadas como composiciones digitales irreales y eso precisamente les resta encanto… básicamente porque somos conscientes de su condición.
Joan se aprovecha de esto obligándonos a creer, modificado los sujetos de las imágenes en un principio, y no las imágenes en producción, en esos pedazos de irrealidad y despertando el imaginario humano más allá del escepticismo natural y de la lógica cotidiana. No, no existen los dragones, pero probablemente él tuvo uno en manos.
La realidad y la ficción son puro humor negro… y de colores.
Fontcuberta, como hombre de pensamiento que es, se divertía jugando con las primeras impresiones que causaban las imágenes. Admitamos que suena genial el vacilar con la percepción forzada y construida de nosotros los comunes. Imágenes que son lo que representan compuestas de más imágenes más pequeñas. Entonces, ¿son o no son?, pues lo son en su conjunto y no lo son en la individualidad. Igual que las sociedades.
Las suyas son hiperfotografías, sí, y con toda la intensión de la masificación. Imágenes pensadas para el espectador que no por eso dejan de ser bellas y cargan consigo un sentido muy alejado de lo vano de la publicidad nociva.
Me gusta su trabajo: es imaginativo, es potencial, es explosivo, es soñador, es infantil, es inmaduro, es anciano y es inteligente. Se necesita cabeza para soñar tanto y aún más cabeza para hacer que el espectador lo haga también.
Él toma fotos no pensando necesariamente en la imagen, sino en sus aplicaciones posteriores. Miles de fotos suyas son desconocidas tal vez por la falta de utilidad que pudo atribuirles.  Y no tienen que ser asombrosas, sino tienen que formar en conjunto algo asombroso. Eso es lo que me sorprende de su trabajo: la mentalidad corpórea, orgánica del todo compuesto por pequeñeces.
Me gusta más como cuentista en imágenes que como pensador serio, pero supongo que no podría serlo sin tener un eje recto y firme del que asirse para continuar.
Sus modificaciones son simples. Simples como las que hace cualquier persona en programas de edición fotográfica, sólo que a otro nivel creativo mucho más profesional.

Y en ese caso, ¿cuál es la diferencia entre ellos, que son artistas, y cualquier fotógrafo que circula sus imágenes por internet?, los conocimientos, las aplicaciones, las intenciones y sus formas. El empleo de la estética y los círculos de divulgación. Los primeros concientizan de formas bellas, brutales y estudiadas. Los segundos placen según sus vanidades un poquito más mundanas.
¿Dónde quedan los estudiosos, los virtuosos y lo creadores en un mundo tan competido, tan globalizado, donde la información viaja más rápido que el sonido y cualquiera puede tener acceso a ella?, en libros y bibliotecas, en conferencias para quien quiera de enterarse de un punto de vista nada desapegado pero sí bien estructurado y estudiado. Quedan ahí, donde sólo pueden ser alcanzados por curiosos y gente con interés.
No es tan difícil encontrarlos si se quiere, lo complicado es asimilar lo que de ellos se entiende y comenzar a aplicar sus descubrimientos y utilidades en beneficio positivo. Uno a uno, como las hormigas de una colonia.
Dicen que el ser humano sería mucho más feliz de darse cuenta su propia insignificancia, porque entonces cobraría más sentido como parte de un todo y sus dificultades pesarían unos gramos menos. ¿Será cierto?, me gustaría pensar que sí. Me hace un poco más libre y no por eso menos importante.
Seríamos mucho más felices si dejásemos de devorarnos, pero nos encanta el sabor a sangre. Amamos los panoramas grises gracias al aburrimiento y no esperamos mas que el final al apagar el televisor.


-Ana C.C.



Muy, pero que muy útiles referencias:

http://www.magis.iteso.mx/content/hoy-todos-somos-fot%C3%B3grafos-pero-con-una-cultura-visual-escasa%E2%80%9D-pedro-meyer

http://www.pedromeyer.com/biography/publica_libros.html

http://ulisesdfotografia.blogspot.mx/2014/09/pedro-meyer-y-joan-fontcuberta-ensayo.html

*Imágenes de Pedro Meyer:
https://www.google.com.mx/search?q=pedro+meyer&es_sm=122&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAcQ_AUoAWoVChMIg9LV2L_IyAIVAaA-Ch0mLQyG&biw=1366&bih=643

http://oscarenfotos.com/2014/08/23/postfotografia/

*Imágenes de Joan Fontcuberta:

https://www.google.com.mx/search?q=joan+fontcuberta+herbarium&es_sm=122&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0CBsQsARqFQoTCLK548fcyMgCFcxeHgodAjsCZA&biw=1366&bih=643

jueves, 1 de octubre de 2015

Fred Ritchin, Después de la Fotografía: una tristemente cercana realidad.



Para este mes se nos indicó leer este libro para darnos una idea del impacto social de las tecnologías nuevas, que nos permiten modificar a placer cualquier tipo de información, ya sea acústica, visual o lingüística.
Sea desde la edición y divulgación de un texto, hasta la circulación de una imagen un tanto falsa (o bien, editada) que apoye o deshaga los paradigmas humanos, prejuicios o estereotipos, pareciese que los hombres no hacen sino quejarse, manifestar su existencia a partir de contenidos cada vez más impactantes e impersonales. Me explico: estamos tan poco relacionados hoy en día con el resto de las personas que nuestra ausencia es realmente obvia.
Lo sabrán nuestras madres y abuelas, que conocen a sus vecinos.
La narrativa es clara, concisa y veloz. Se asemeja a aquella de un periodista escribiendo sus memorias, a la de un hombre en medio de un monólogo introspectivo y a aquella de una mujer histérica con doctorado. Pareciera poseer demasiada información bien estructurada, pero poco aliento, poco tiempo, poco espacio. El tema es claro: los cambios humanos como producto del avance tecnológico y nuestra degradación. Lo que no logro especificar es la postura del autor, pues deja entrever que se encuentra en contra de lo que describe (entre líneas), aunque apegándonos sin deducción al texto, se mantiene imparcial.
Es un libro de lenta lectura que emplea muchísimos ejemplos para dejar en claro las distintas vertientes de las que habla con relación a la fotografía y a las nuevas tecnologías en general (como la ley referente a la pornografía infantil en USA o  la edición de una de las portadas de la revista National Geograophic hecha para cambiar el ángulo, por ejemplo), los explica y relaciona directamente con la narrativa. Son tantos que en cada página se pueden encontrar referencias a hechos, investigaciones, personajes y demás cosas externas.
Altamente reflexivo, filosófico, refleja el deseo humano de escapar de una realidad demasiado dura para enfrentar, y de las tretas de los medios y grandes corporaciones para facilitarnos la tarea y de paso aprovecharse de ella.
Como el narrador lo retrata, el mundo cambia y nosotros con él. Aquellos que vivimos este descontrolado avance científico e informático somos sólo capaces de imaginar el impacto futuro que tendrán las acciones presentes. Serán las siguientes generaciones, aquellas que nacen con el mundo como lo dejamos, las que corroborarán o corregirán nuestras sospechas.
Concuerdo en muchos aspectos con el narrador, aunque no en todos. El libro me sabe demasiado alarmista, me deja aterrada al pensar en lo que podría pasar en un futuro con los seres humanos en relación con la tecnología y no puedo sino pensar que no vamos a mejorar. Nos hemos desintegrado.
La tecnología, hoy en una era digital donde el ver no aplica al creer (hablando de imágenes que bien pudieron ser creadas), nos deshumaniza. Reemplazamos nuestras relaciones físicas por relaciones de pixeles en un celular, vivimos enajenados en un aparatito (últimamente no tan aparatito) sintiéndonos populares, conocidos y cercanos en lugar de realmente convivir con la humanidad a nuestro alrededor. La tecnología, aunque aparente reducir la distancia física entre las personas, en opinión mía no hace sino aumentarla. Uno se embriaga en el internet, en la televisión, y sin querer termina por alejar a los demás o persuadirlos a enajenarse también. A fin de cuentas la convivencia familiar se ha cambiado por una hora en la que todos se sientan frente a la pantalla a decidir qué canal mirar en lugar de hablar de las clases de los niños en la escuela o de los asuntos en el trabajo.
No digo que la tecnología sea mala o inhumana, pero su abuso, la invasión que supone, deshumaniza a los hombres, los convierte en números, en estadísticas de ventas, en cifras desechables, calculables y generalizadas. Es perfecta para la difusión de la información, pero es su propia maleabilidad la que hace de la información algo poco creíble hoy en día. Un milagro no necesita más explicación a sí mismo que su existencia, mientras que un descubrimiento actual, algo considerado un milagro en el pasado, necesita de mil pruebas, de testimonios objetivos e impersonales para serlo bajo la pretensión de la universalidad.
No, la tecnología no es mala. Es su invasión a la privacidad la que la vuelve tan perniciosa. Cuando todo se vuelve tan público y accesible, los objetos (fotografías, personas, lugares, etc.) dejan de pertenecer al origen. Una habitación fotografiada y subida a la red ya no le pertenece del todo a quien la habita, sino a quien la ve y la modifica, como los memes en Facebook. Cuando ya no queda un espacio privado, personal donde habitar, donde nadie moleste; cuando nos dejamos llevar por las redes informáticas y nos vemos arrastrados sin resistencia en el flujo de los medios, entonces, perdemos un cachito de humanidad, pues ya no somos dueños de nosotros mismos (no del todo) ni de lo que nos rodea. Ahora hay una relación pública con todo y parecemos uniformarnos con el resto del mundo. ¿Dónde quedamos como individuales, como seres humanos, como personales reales, tangibles, entonces?
…En varios millones de pixeles, en alguna estadística de compra-venta, entre las líneas negras de un código de barras…
En general cualquier cosa que signifique capturar algún ser/espacio/escenario vivo, no puede ser del todo buena.
El hombre se redefine como un ser altamente comunicativo (en varias plataformas y lenguajes) que tiene la necesidad psicológica de atención crecida. La expansión informática borra los límites morales tanto como las barreras fronterizas. Es ahí, en el lugar digital donde residimos y perdemos los rincones que nos pertenecen, que empieza la depravación.
En mi opinión, la función fundamental del libro, con toda su palabrería y sus mil ejemplos, no es otra sino de informar. Te obliga, por medio de la repetición de conceptos, de la imposición de ejemplos (hechos) cortos y concisos a creer en lo que describe. Tiene un aire desesperado, como si el futuro lo alcanzara antes de que el lector llegase a leerlo. Te hace creer en él al punto en el que no tienes de otra sino reflexionar y poner resistencia al flujo de los medios que utilizan las nuevas tecnologías a su conveniencia, o de aquellas minorías que buscan enganchar con cualquier tipo de información impactante a las masas.
El libro te dice “¡detente!, piensa: ¿qué estás haciendo?”, y lo haces. Yo lo hice.
Es una buena lectura, ciertamente, algo tediosa para mi gusto. No sabría si recomendarla o no, aunque moralmente me siento un tanto obligada a hacerlo. Es importante que el resto de las personas piensen y reflexionen acerca de lo rápido que se está moviendo el mundo y de lo mecánicos que nos estamos volviendo. Deberían si desean cambiar algo.
Pero, claro, esta es sólo mi opinión.


-Ana, C.C.