Tres amigos y yo, como parte de nuestras muy bellas actividades, asistimos el día de hoy a ver una exposición en el Museo de Arte Moderno, en Chapultepec.
Armados con cámaras y demás cosas, esperábamos entrar a la carga con fotos acá y allá como guerrilleros en pleno campo de batalla... pero no fue así. A diferencia de museos como el MuNal o el MUAC, este museo negaba la toma de fotografías dentro de esta exposición en específico (el resto sí era viable), pero se entiende, pues era precisamente una exposición de fotografía.
La sala dispuesta lar dicha exposición era un espacio circular dividido en cinco espacio más pequeños, uno central y cuatro alrededor.
A la entrada, un estampado en la pared indicaba de qué iba la exposición y revelaba de manera muy fugaz y poco detallada la vida de Lee Miller, sus ocupaciones y el propósito de todo el montaje.
Avanzamos por la derecha observando cada una de las salas: todas contenían pasajes de momentos de su vida (como el inicio de su carrera de modelo, su arranque como fotógrafa solista, su vida en el Cairo, sus corresponsales como fotógrafa de guerra y su retiro, entre otras) resumidos, pero bien relatados de forma que la imaginación compensaba los poco huecos que los escritos dejaban. A su alrededor, se exponían fotografías con fichas a un costado indicando el nombre de la fotografía y el material en el que estaba impresa. Cada división tendría tal vez veinte fotos, calculo yo.
En las notas se podían leer pasajes acerca de sus amistades con Erns o Picasso, por ejemplo. De su vida amorosa, un poco de su familia y otro tanto de su visión. Se habla mucho de su surrealismo (que admitamos, sí tiene, cada foto da un aire soñador, como inmerso en la fantasía de mundos particulares y misteriosos), pero las exaltaciones de las mismas notas podían incluso llegar a sobrar en ocasiones, pues era obvio que predisponían al espectador y esto a su vez, causaba un choque muy fuerte con la obra. De ahí en fuera, supongo que los pasajes de su vida no salieron sobrando en su gran mayoría, pues aportaban referencias y explicaciones bastante buenas a las colecciones de fotografías acomodadas cronológicamente en las salas.
Sus cambios de ambiente, de parecer y de humor se reflejan bastante bien en sus obras. Hay varias que me agradaron bastante y dos que me dieron risa (aquellas tomadas en la bañera de Hittler), otras que creí falsas, tal vez por mi propia concepción de la realidad (como aquellas de los cadáveres en los campos de concentración), mientras que una me perturbó bastante (la del niño muriendo). Aquellas surrealistas, como la de la cabeza en la campana de cristal, me parecieron buen material para una película de suspenso. Y otras, como la del desnudo femenino hacia el frente, asemejaban a objetos distintos; esa, por ejemplo, se me figuró en primera instancia a una muela en una radiografía.
Hubo cosas que me sorprendieron, como sus fotografías expuestas al sol: el efecto que tomaban era realmente extraño. Las sombras en la imagen daban la total apariencia de tridimensionalidad, mientras que el recalcado oscuro de los alrededores y los contornos gruesos la hacían parecer plana. Era un contraste muy fuerte, un efecto muy llamativo.Me agradó.
Por otro lado, la exposición, si bien habla de ella y de su vida, fue conformada por otros personajes que en ella aparecían. Parejas y amigos. Relatan sus imágenes su vida tan simple y tan compleja a veces que el cambio producido de la paz a la guerra es brutal. Supongo que esa era la idea de ordenar así los revelados.
Como fotógrafa y modelo, era una mujer audaz e inquieta (o eso me imagino yo), sus imágenes son tan terriblemente humanas y puras que no me dejan sino pensar que la mayoría se tomaron llenas de pasión. Cada una tiene un pedacito de alma propia. Así, las salas parecen salones de reuniones; de ésos donde los caballeros se sientan a charlar. Las imágenes conversan entre sí y nosotros como espectadores no tuvimos sino que pasar entre ellas para entender lo qué decían. No cuesta demasiado trabajo averiguarlo.
Para el ojo común podría parecer una exposición aburrida. Para el ojo curioso es mucho más que eso. ¿Recomendaría la visita?, sí, porque de la pretensión del artista ella no posee nada. Es como hablar con una conocida de vista y no sentirse incómodo o anonadado, sino de alguna manera bienvenido. Es impresionante la vida que llegan a tener algunas personas, y definitivamente ella fue una de ellos. Seguramente vivió muchas más aventuras de las que se relatan abiertamente y ésas de las que nadie habla, son las que quisiera averiguar. Me hace pensar que, de tener una vida así de ajetreada, tal vez valga mucho la pena dedicarle más tiempo del requerido a tomar fotografías. No sé, quién sabe si en alguna de esas acabo por vivir una historia emocionante también.
No suena a tan mala idea, creo...
-Ana C.C.
-Ana C.C.
