jueves, 17 de agosto de 2017

La Razón.

¿Por qué estudio artes?

En realidad no sabría decir con claridad por qué estudio artes específicamente pues mi objetivo podría llevarlo a cabo desde otras disciplinas también. Personalmente lo estético de la vida siempre me ha llamado mucho la atención al grado de que, incluso de mi peor humor, le busco lo "bello" a todo; personalmente me refiero a ello como orgánico pues lo que me llama la atención en realidad es el funcionamiento de las cosas, no su apariencia en sí, y es eso lo que considero realmente bello. 
Podría decirse que mi fascinación por los procesos naturales y su estudio como la psicología, la biología, ecología, la fisionomía, la sociología, la literatura y tal, es tan grande que en entender cómo funcionan las cosas (desde las historias y los vivos hasta las cabezas de las personas) se me va la vida. Éso, la manera en la que cada cosa funciona y cada tema se relaciona a su vez, con todo lo demás, es lo que considero bello.
Estoy consciente de lo consecuente que es la vida en sí por lo que entiendo que cosas muy pequeñas pueden causar un impacto inimaginable a largo plazo. Personalmente el crear es mi forma de conectar con otros y pasar a ser -de manera temporal- parte del círculo de las cosas que los relacionan con el resto del mundo. Es mi manera de girar con los mecanismos de las personas que me rodean y pasar a ser parte de su mundo. 
No me interesa ser artista de galería tanto como me interesa conectar con esa parte infantil que existe en todos: el vestigio de la niñez. Me gusta hacer muñecas e ilustrar cuentos pues en las etapas tempranas de nuestra vida, a pesar de que somos animalitos terribles e insensibles en nuestra gran mayoría, no discriminamos por razones que ahora de adultos sí. Tenemos otra forma de percibir la belleza y la unidad y de alguna manera somos más justos y libres aunque no sepamos nada del mundo. Esa inocencia, creo yo, nunca se va y sólo hace falta retomarla y ejercitarla. Recordar la emoción de entender cómo funciona el mundo y saberse ínfimos e infinitos. Esa curiosidad, me enorgullezco de admitir, aún la protejo por lo que los procesos del mundo aún me maravillan.
Quiero compartir eso que veo con todos esperando que les cause la misma alegría que a mí y con eso hacer girar, aunque sea un poquito, las ruedas de todo el que entre en contacto conmigo, hacia una dirección más alegre y más pacífica, más solidaria, más tolerante, más cariñosa y más honesta, justo así, como los niños.

Ana C.C.

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