jueves, 17 de agosto de 2017

Aspirante a Artista: La pregunta recurrente.

¿Por qué quiero ser artista?
No tengo ni idea.
Para empezar la concepción de "artista" es tan distinta aquí y allá que definir qué es un artista de inicio sería bastante complicado. La otra pregunta recurrente en esta institución es: ¿Por qué estudias aquí?, a lo que yo suelo responder siempre "¿y por qué no?".
Pareciera que para estudiar en la Esmeralda se necesita de cajón una razón de peso que ralle entre lo espiritual, el arrebato y la entrega total que justifique por qué ocupas un lugar que tantos desean. Podría decirse que de alguna manera esta pasión debe de ser casi religiosa y debe de estar acompañada con una alta capacidad de retención, un gran compendio de conocimiento general y cultural y una vasta inteligencia. No culpo a la institución por querer elegir de entre los aspirantes a los mejores aunque el proceso en general me parezca bastante arbitrario y la insistencia en incidir constantemente en esta pregunta una vez inscritos los alumnos, me parece ingenua y presuntuosa.
Por mi parte estoy en esta escuela porque hice otros exámenes aparte de éste: el de la UNAM (vengo de ahí), el de la Academia de Letras Mexicanas; además meter mi pase directo a licenciatura. Con esto en mano elegí la sede que me quedase más cerca de casa, pues consideré tiempos de traslado, gastos y demás y así terminé por elegir La Esmeralda. No conocía la fama de la escuela antes de eso y lo que es más, me enteré de que era una escuela apenas un mes antes de los exámenes por lo que entré aquí sin ninguna pretensión ni esperanzas de ningún tipo más allá de un genuino deseo por aprender y experimentar.
No me pareció de inicio una escuela fuera de lo común, lo que me sigue sorprendiendo, sin embargo, es que los maestros consideren el tiempo libre de alumnos y les permitan tener oportunidad de relajarse, de escuchar música, de comer y otras tantas cosas pues están conscientes, creo yo, de que el proceso artístico es complejo y requiere de mucha comodidad -hasta cierto punto- para producirse. He notado que con frecuencia los estudiantes se abandonan a su obra, se quedan pintando o esculpiendo horas y horas, a veces incluso olvidando comer, por lo que agradezco estas consideraciones que la UNAM no tenía con el alumnado. La escuela devora el tiempo de los alumnos pero no necesariamente porque los profesores lo exijan sino porque la labor lo exige, así que las razonables cantidades de tarea se agradecen. El nivel de exigencia no es tanto comparado con las demás universidades pero así me agrada pues me permite llevar mi vida paralelamente de manera cómoda y sin interponerse con mis demás actividades, por ende ayudándome a apreciar aún más mi carrera.
Por otro lado yo dudo que se necesite de una gran pasión para ingresar en esta escuela pues yo no tengo pasión por el Arte en sí; sino más bien bastante suerte y mucho interés. Creer que todos los artistas son personas totalmente entregadas a su labor, especiales o demás es demasiado pretencioso y exigir a los alumnos que sean eso, también lo es. La diversidad de razones es tan amplia que casi cualquier cosa justifica la labor. No todos pueden brillar y no todos pueden ser artistas ("Cualquiera puede cocinar") pero un gran artista no tiene que ser forzosamente de La Esmeralda. Soy feliz en la escuela y aprendo mucho, mucho con el paso de los días; he desarrollado bastante mis habilidades y no me arrepiento de estar en la institución, sin embargo, incluso hoy no podría definir por qué estudio artes, pues eso se va aclarando un poco más cada día; sólo sé que me siento feliz de estar estudiando la carrera en donde me encuentro actualmente.

Ana C.C.

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