viernes, 22 de abril de 2016

La Visita de Rafael Lozano Hemmer

Hace una o dos semanas (pareciera que tengo una tendencia a escribir con retraso) nuestra plenaria semanal programada fue reemplazada por una plática impartida por Rafael Lozano Hemmer, un artista visual de origen mexicano que vive en Canadá, quien nos habló un tanto de sus proyectos y otro tanto de su visión con respecto al arte desde su persona.
Como todo buen artista, me pareció a mí que Rafael gusta de la reinterpretación de lo existente y la expresión a base de la magnificación de lo que supone ser biológicamente humano, como las pulsaciones del corazón, la sombra, la voz y las huellas digitales. Él, junto con su equipo técnico compuesto por toda suerte de especialistas (camarógrafos, ingenieros, planificadores, etc.), se han encargado de convertir al espectador en coautor de sus obras, en las que el rastro biológico del mismo es el causante directo de las obras en sí.
En algunos de sus proyectos, ha logrado convertir las pulsaciones del corazón del participante en luces magníficas que se lanzan al cielo; en otras es su voz la que se transmite y en otras más, son las sombras las que delimitan el escenario de la obra.
Su idea es, según lo que alcancé a captar, el transformar lo individual en parte de lo colectivo, magnificar al individuo a la altura de los monumentos y reclamar a lo superior desde la voz de los de abajo. Algo así como una guerra de hormigas.
Nos mencionó algo de sus proyectos actuales, de algunos pasados y otro tanto de su exposición con respecto a los estudiantes perdidos de Ayotzinapa, junto son su software libre de búsqueda y reconocimiento facial, del cuál fuimos partícipes también después de la conferencia.
Su tendencia a retransmitir y volver a lo individual parte de lo colectivo y a su vez colocarlo a la altura de lo enorme me pareció interesante. Le aprendí una o dos cosas al respecto del respeto hacia la propia labor del artista, algo de no permitir que los coleccionistas nos fastidien (si es que llegamos a convivir con coleccionistas pesudos) y otro tanto de lo que él pensaba que serían las comunicaciones, por así decirlo, en lo próximo. 
Si de algo estOy segura es de que vive su existencia inundado de trabajo. Se ve un tipo muy agradable.
Esta fue la primera conferencia magistral en a que no me ocupé en nada más que en observar. Me gustó mucho y espero este tipo de charlas se repitan para no sentir las cuatro horas extra que pasamos en la escuela gracias a ellas.

Ana C.C.

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