El 19 de Septiembre tembló, todos lo notamos.
Con esto en mente he de decir que tras el temblor me puse a llorar como histérica en el patio, le eché pleito a una loca, gané dicho pleito y me fui a caminar por la ciudad buscando transporte durante horas para volver a casa mucho tiempo después, ser regañada injustificadamente por mis padres debido al retraso, no dormir sino hasta las 5.00 a.m., no comer apropiadamente los siguientes tres días, llorar ante cada nueva noticia y ser devorada por mi ansiedad.
Después de varios días de paranoia, unirme a las brigadas ciclistas, no hablarle a nadie, hacer corajes por pendejadas y desear reponer clases y luego estresarme dentro de lugares cerrados, he llegado a la conclusión de que esto es estrés post-traumático y dados los hechos, me mudaré a Canadá donde no tenga ningún tipo de recuerdo relacionado. Creo que lo peor del tema es recordar que ese día el clima estaba precioso y la luz me parecía hermosa. Del tipo de días que me gustan pero que de alguna manera salió terriblemente mal. Ahora tengo tres semanas de retraso en mi trabajo y espero sinceramente que se extiendan las clases.
Me siento miserable y pienso en darme de baja con frecuencia, no me pasó nada, ni a mí ni a nadie de mi familia. Algunos amigos salieron afectados pero están bien. Fue una mala época para todos que se extiende hasta hoy y no sé cómo lidiar con ello. No sé qué hacer con ello.
Desearía dormir mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo y salir en bicicleta. Desearía disfrutar de mi época favorita del año, que es ésta, con soltura. Desearía saber cómo sobrevivir al cambio pues no lo sé, todo está por derrumbarse de cualquier manera, como si no fuese así desde antes del sismo.
Pero así es la vida.